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Butch Cassidy
HISTORIA

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PARTE 12

El intenso fuego cruzado, no pudo detener a los bandidos, que huyeron entre una lluvia de balas. Logrando escapar, a todo galope, envueltos en la polvareda y con sus alforjas llenas de dinero robado del Banco Nación de Villa Mercedes, amparándose en la mala puntería de quienes intentaban detenerlos.
Tras el asalto, escaparon hacia el sur de la ciudad, ya que se proponían huir hacia San Luis para pasar a La Pampa o la parte austral de Mendoza y poder desde allí, seguir rumbo a Chile si fuera necesario.
El intenso intercambio de disparos y las voces de auxilio de los vecinos fueron escuchados con nitidez en la jefatura de policía, llegándose al lugar el comisario.
Mandaluniz acompañado de tres agentes, a los pocos minutos de ocurrida la huida, cuando aún podía verse desde la esquina del Banco, la polvareda que habían dejado tras de sí. Ante el panorama, el comisario ordenó asistir a las víctimas entre los que se encontraban dos heridos, buscar asistencia médica y organizar rápidamente una partida policial para perseguir a los ladrones con el objetivo de proceder a su detención.


Tras sus pasos, gano la valentía

De inmediato el comisario Mandaluniz logro reunir cinco agente y partieron tras los pasos de la banda. Salieron también, acompañando a este grupo, seis soldados al mando del Mayor Cipriano.
Cassidy y sus amigos escaparon del pueblo hacia el sur. Cruzaron un puente de madera atravesando el Río Quinto, dirigiéndose hacia el pueblo que actualmente se llama Nueva Escocia para luego seguir para Lavaisse. Allí a unos 12 km. pararon para hacer un cambio de caballos y descansar.
Debido a este descanso planeado de antemano por Butch, el Comisario y el Mayor en compañía de su tropa, lograron darle alcance. Sobre este encuentro hay muchas versiones pero esta que les voy a relatar fue la que más creyó el pueblo. Según relatan, Butch y sus compinches al verlos aproximarse, en vez de disparar, se pararon en el medio del camino y tomando sus armas se bajaron de sus caballos para esperarlos. Al aproximarse ellos a todo galope, pensando que se iban a entregar, fueron recibidos a balazos provenientes de armas de grueso calibre, como carabinas y pistolas máuser. Logrando así compensar su inferioridad numérica con mayor poder de fuego. Ante el recibimiento estos optaron virar en redondo con sus caballos y salir disparando hacia el pueblo apoderados por el temor de perder sus vidas.
Obviamente a su regreso al pueblo la policía intento cubrir la realidad de los hechos contando una versión totalmente cambiada e intentando quedar como héroes, versión que conociéndolos nadie les creyó. La verdadera historia sobre los hechos se conoció por la infidencia que realizo uno de los agentes que participó de la pesquisa de la Pandilla Salvaje, a un amigo y que se divulgo rápidamente entre los lugareños.
La oscuridad de la noche, la lluvia torrencial, los caminos elegidos de difícil acceso, su perspicacia y la cobardía de los agentes responsables de detenerlos, ocultó para siempre los rastros de la banda que cometió en Villa Mercedes uno de los más espectaculares asaltos.


Los ecos de la prensa tras los hechos


Quince minutos duro el asalto y todo había salido a la perfección. Butch Cassidy, The Sundance Kid y Etta Place (pareja del último), una vez más habían conseguido sus objetivos de salir ilesos. El asalto, adquirió características fabulosas en algunas crónicas policiales de aquel entonces. Decían, entre otras cosas, que los bandidos conocían el camino tanto o mas que sus perseguidores, destacando que los bandoleros más buscados en Estados Unidos, por asaltos a trenes, bancos y oficinas, esta vez habían actuado con sus rostros descubiertos, dejando de lado las apariencias, junto a un cuarto pistolero, un tal Robert Evans alias Hood.
Era el segundo asalto a un banco que cometían en un año: el primero había sido en Río Gallegos, pero nadie sospechó de ellos. Ahora no necesitaban seguir fingiendo. Cinco días después del atraco, sus fotos aparecieron en la portada de los principales diarios argentinos, confirmando un secreto a voces: Butch Cassidy y su Pandilla Salvaje habían encontrado refugio en la Patagonia Argentina en donde habían vivido, hasta hace un tiempo, como colonos ejemplares.
Etta Place, en esta oportunidad y como nunca hasta el momento, concentro la atención de todos diarios de la época, quienes la describieron como, “Una interesante mujer, muy varonil pero a la vez muy bella y de apariencia física frágil, que demostró tener una gran destreza como amazona, ser experta en manejo de armas y una valentía a toda prueba.” En donde consideraron que la participación que se le adjudico a Etta en el asalto, respondió al típico lugar de las mujeres en las historias de los bandidos, donde suelen ser además de amantes, hábiles colaboradoras y enlaces con el mundo exterior.
Mientras tanto, los bandidos se habían esfumado y nada se sabia de ellos en cuanto a su paradero con certeza, pese a que aparecían en los diarios testimonios de gente que supuestamente declaraban que los veían en distintos puntos del país inclusive en Buenos Aires, datos que nunca se pudieron comprobar. La policía, en aquel entonces presumía que habían cruzado la frontera rumbo a Chile y tan lejos de la verdad no estaban.


El Adiós a Cholila

Tras varios meses de silencio, en abril 1906, aun cuando los ecos del resonante asalto al Banco era noticia, Sundance reapareció sorpresivamente en Cholila para vender algunas ovejas que Butch y él había dejado a su amigo Daniel Gibbon, un ganadero galés. Hospedándose durante una semana en su casa, tiempo suficiente para resolver los temas pendientes. Según se supo, venía desde Chile y se lo veía algo afligido tras la partida de Etta, que había decidido regresar por su cuenta a los Estados Unidos rompiendo con la relación que los unía, agregando que Butch se encontraba en Antofagasta, camino hacia Bolivia en búsqueda de nuevos horizontes, ya que en Argentina estaba demasiado comprometido legalmente.
Tras su partida, mas precisamente cinco días después, Gibbon fue detenido por la policía de Chubut pero la idea era detener a Sundance, operativo que estuvo a cargo del comisario Milton Robert, que tras su investigación y Gibbon negar todo, tuvo que liberarlo.  
Con respecto a Etta, nunca mas se supo de ella, su vida posterior a la salida de Argentina fue un enigma, logrando así escapar definitivamente de la Agencia Pinkerton que también la tenia en la mira.
Butch y Sundance no regresaron más a la Patagonia y se fueron en búsqueda de nuevos horizontes para resguardarse de quienes los querían arrestar. Sin embargo, pese al peligro que corrían, mantuvieron correspondencia con sus amigos de Chubut, en especial con Gibbon, quien se ocuparía de preservar su memoria, contando sus historia a quienes quisieran escucharlo, exagerando algunos sucesos, cambiando obviamente lugares y nombres, con el objetivo primordial de protegerlos.

Esta historia continuará...

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