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Butch Cassidy
HISTORIA

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PARTE 13

Continuando con esta historia, tras el resonado Asalto al Banco, Butch y Sundance se despiden por cuestiones de seguridad definitivamente de la Patagonia. En búsqueda de nuevos horizontes y con el objetivo de resguardarse de quienes los querían arrestar. Mientras tanto Etta, cansada de esta vida llena de sobresaltos, que llevaba junto a Sundance -su pareja- y Butch, decide tomar distancia y regresar a su país natal.
Etta, al irse, termina definitivamente con el enigmático y famoso trío que habían formado, que con el tiempo marcó una época y creó una mítica leyenda cargada de vivencias.
Ya nada será igual, por más que ellos buscarán con ahínco retomar sus vidas y Bolivia los espera.


En búsqueda de nuevos horizontes

A fines de 1906, Butch, identificándose como Santiago Maxwell, encontró trabajo de peón en una mina de estaño llamada Concordia, ubicada al sudoeste de la Ciudad de La Paz, en los Andes centrales bolivianos. Al poco tiempo de estar ahí logró hacerse amigo del administrador, Clemente Glass, quien decidió ascenderlo en su puesto asignándole la tarea de compra de animales e insumos, recibiendo a cambio un considerable sueldo.
Mientras tanto Sundance, tras su partida de Argentina rumbo a Chile, paso a llamarse Enrique Brown y consiguió trabajo con el contratista Roy Letson, que llevaba mulas del norte de Argentina a un campamento cerca de La Paz. Sundance trabajó mucho tiempo allí, pero no muy conforme con su trabajo y su sueldo, decidió ir en busca de Butch. Ubicándolo por intermedio de Gibbon, que mantenía con ambos correspondencia, conociendo obviamente sus paraderos.
Al llegar a La Paz, Butch lo recibió y tras festejar el encuentro dándole hospedaje le pidió que se quede con él y le pide trabajo para su amigo a Glass, quien accede, a pesar que ya le habían informado de los antecedentes de ambos. Este informe le había llegado a través de un colaborador que solía viajar por negocios a Buenos Aires y había visto las fotos de estos como buscados por la Agencia Pinkerton.
Tanto Glass como su asistente, Percy Seibert, sabía que sus empleados eran delincuentes peligrosos buscados por la justicia, pero nunca tuvieron el menor problema en entenderse con ellos, es mas, eran sumamente eficientes y responsables en las tareas que se les habían asignado. Glass lo describió a Butch como una persona culta, amigable y sumamente correcta y educada al expresarse, mientras que Sundance era mas bien callado y taciturno.

Tras sus sueños pendientes

Habiendo sido forzado por las circunstancias a abandonar Argentina, Butch no se resignaba a renunciar a su anhelado sueño: que era construir una cabaña al estilo norteamericano y dedicarse a criar ganado. Y con ese sueño entre sus manos, en Octubre de 1907, él y Sundance se encaminaron rumbo a Santa Cruz de la Sierra, zona de tierras fértiles y muy aptas para la actividad que ambos aspiraban. Butch relato a sus amigos en Concordia, tras conocer esa región, que "había encontrado el lugar que había buscado por 20 años". "O Dios, que hice con mi vida" se lamentaba, "si pudiera regresar 20 años atrás, estaría feliz".
Se maravilló de todo lo que ofrecía esas buenas tierras con suficiente agua y pasto como para alimentar abundante ganado, e hizo una predicción: "Si no me muero, estaré viviendo aquí y muy pronto". La tierra era barata y todo lo que se sembraba crecía, ahora solo faltaba reunirse con el dinero y encontrar el lugar.
Pero estos planes se vieron truncados, después que Sundance embriagado alardeó públicamente sobre sus hazañas delictivas revelando, a viva vos en la cantina, sus nombres verdaderos. Acción que los obligo a dejar sus empleos en Concordia por cuestión de seguridad, teniendo que abandonar la ciudad de La Paz al día siguiente.
Sin saber que hacer y en búsqueda de un refugio seguro se dirigieron hacia el pueblo de Tupiza, un centro minero ubicado al sur de Bolivia.
Allí, encontraron un escondite perfecto en el campamento del ingeniero inglés A.G. Francis, ubicado a pocos km de Tupiza, que estaba supervisando el transporte de una draga en el Río San Juan del Oro. Ante él se presentaron como George Low y Frank Smith dedicado al comercio de ganado y al hablar el mismo idioma se entendieron de entrada.
Mientras Sundance se quedaba con Francis, Butch hacia frecuentes visitas al tranquilo pueblo de Tupiza, a fin de investigar los movimientos del banco local, necesitaba dinero. Pero, desafortunadamente, estaba de visita un destacamento de soldados del Regimiento Abaroa, fuerza especial del Ejército Boliviano, quienes se estaban hospedando en un hotel ubicado en la misma cuadra del Banco, postergando sus planes. Frustrado y cansado de esperar que los soldados se marchen del pueblo, decidió cambiar de planes y su objetivo se concentró en la administración de Aramayo, Francke y Compañía, la empresa minera más importante de Bolivia. Esta empresa, si bien tenía la administración en Tupiza poseía su centro de operaciones en un pueblo vecino llamado Quechisla. Por lo tanto, a principio de cada mes, un empleado sin custodia, dada la ausencia total de robos en la región, se dirigía a este pueblito con los sueldos de los obreros. Todos estos datos los habían obtenido a través de una conversación aparentemente circunstancial con un empleado de la empresa que tras unas copas invitadas cordialmente por él, empezó a responderle sus preguntas. Butch tras la conversación se enteró que el encargado de nombre Carlos Peró, el día 3 del mes venidero en horas de la mañana, estaría llevando a Quechisla una remesa de 80.000 pesos bolivianos, toda una fortuna en aquella época.
Para ese entonces, Sundance y Francis se habían trasladado a Tomahuaico, un pueblo ubicado a unos cuantos kilómetros al sur de Tupiza, en las riberas occidentales del Río San Juan del Oro. Butch, con los datos bien precisos, tras realizar una investigación que le llevo meses, dejo la pensión donde se hospedaba y cabalgó toda una noche en busca de Sundance, ya que no había tiempo que perder, y le comunicó su nuevo blanco. Tenían una semana para planear los pasos a seguir.
Tras conocer la noticia Sundance, sin dudarlo decide abandonar el campamento de Francis para acompañar a Butch e instalarse con él en Tupiza. Con sus armas y bien provistos de municiones partieron decididos a obtener ese botín. Apenas llegaron, sin perder tiempo decidieron inspeccionar el camino desde Tupiza a Quechisla, buscando el lugar para tenderle una emboscada. Elegido el lugar y el modo en que iban a actuar ante Peró, solo faltaba que llegara ese día.
Un atraco con sorpresas
Temprano en la mañana del 3 de Diciembre de 1907, Carlos Peró recogió de la empresa un paquete de dinero envuelto en una bolsa de tela y en compañía de su joven hijo Mariano, un peón, y unas mulas se encaminaron rumbo a Quechisla.
Mientras tanto Butch y Sundance con sus caballos descansados y armados hasta los dientes, lo esperaban sentados junto a una fogata en el lugar elegido por ellos, ubicados estratégicamente en un monte que se encontraba a la vera del camino.

 

Esta historia continuará...

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