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Butch Cassidy
HISTORIA

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PARTE 14

Continuando con esta interesante historia de vida, que les vengo relatando y que esta próxima a concluir; el 3 de Diciembre de 1907 por la mañana, Carlos Peró retiro de la empresa un paquete con dinero y en compañía de su joven hijo Mariano, un peón y tres mulas, pertenecientes a la compañía, se encaminaron (como todo los meses para esa fecha) rumbo a Quechisla con los sueldos de los empleados.
Mientras tanto Butch y Sundance, con sus caballos descansados y armados hasta los dientes, lo esperaban pacientemente, junto a una fogata que ellos armaron para darse calor y ubicados en el sitio elegido estratégicamente dentro de un frondoso monte que se encontraba a la vera del camino.


El día del asalto llego con variantes

Alrededor de las 9 Hs apareció a lo lejos Peró, pero no venia solo, lo acompañaban dos personas, todo una sorpresa para Butch, ya que no tenia previsto que viniera acompañado. Al encontrarse con ese panorama Butch decidió seguir adelante con sus planes y cuando se encontraban a unos metros de donde estaban salieron a su cruce disparando sus armas a modo de intimidarlos, anunciando a viva voz: “esto es un asalto”. Tras el acto sorpresa les ordenó Sundance, con voz tranquila pero con firmeza que desmontaran y le entregaran el dinero que llevaban.       
Los bandoleros estaban armados con nuevas y pequeñas carabinas Mauser con gruesos cañones y estaban vestidos con trajes oscuros, pañuelos tapando sus rostros y con sus sombreros volteados hacia abajo, lo cuál hacia que apenas sus ojos fueran visibles, según relato Peró al denunciar el hecho.
Incapaz de resistirse ante semejante panorama, Peró les dijo que se podían llevar lo que quisieran, pero que no les hicieran daño. Butch empezó a revisar las alforjas pero no pudo encontrar el dinero, así que le ordeno a Peró que le abriera el equipaje en inglés, en muestra de que sabía muy bien de que Peró conocía el idioma con el objetivo de que descartara toda posibilidad de que se trataba de un atraco al azar. Butch le dijo que no estaba interesado en artículos personales sino en los 80.000 pesos bolivianos que ellos trasladaban pertenecientes a los sueldos de los obreros de  la Compañía Aramayo. Respondiéndole Peró: que solo llevaban 15.000 pesos  y que la otra suma estaba destinada para la próxima semana. Tras esta breve charla, Peró quedo muy asombrado por la información que manejaban los asaltantes demostrando un nivel de profesionalismo desconocido por esa región.
Butch, tras escucharlo quedo atónito ante la noticia y en un arranque de bronca, lo miro fijamente a los ojos y apuntándolo con su arma a la cabeza, bajo el gatillo. Produciéndose un momento de mucha tensión entre los presentes. Sundance, ante la reacción de Butch y sin meditarlo, le toco la espalda y  le dijo: “mejor tomemos lo que hay y vayámonos”, a fin de hacerlo reflexionar. Logrando, que le retirara el arma tras un cruce de miradas entre ambos, llevándose el dinero y una fina mula de color café oscuro que le pertenecía a la compañía.

En busca de un refugio

Luego que los bandidos partieron, Peró muy conmovido por los hechos vividos, decidió dirigirse hacia el pueblo de Guadalupe y en el camino se encontró con el arriero Andrés Gutiérrez a quien él conocía y tras contarle lo que les había sucedido, escribió una nota y se la dio a Gutiérrez para que la entregara en la hacienda de los Aramayo a fin de que estos realizaran la denuncia.
La noticia trascendió rápidamente y no tardo en llegar a los oídos de los soldados del Regimiento de Abaroa. Peró, al declara ante la policía, identifico a los asaltantes como extranjeros, que hablaban el ingles a la perfección, destacando que había sido -dada las características en que se llevo cabo el hecho- un robo planeado de antemano y los describió físicamente de manera imprecisa. Lo que si recordaba perfectamente eran las armas que portaban y la mula que le habían robado fácilmente identificable, no solo por su color sino también por que exhibía la marca de la compañía.
Patrullas militares y mineros armados, enardecidos por haber sido despojados de su salario, recorrían barrancos, carreteras, custodiando las estaciones de trenes y buscando extraños en pueblos a través del sur de Bolivia.
Mientras todo esto sucedía, Butch y Sundance se fueron hacia el sur cortando camino a través de la montaña. Pasaron por Tupiza cubiertos por la oscuridad y llegaron a Tomahuaico después de media noche buscando refugio en el campamento de su amigo el Ingeniero inglés Francis. Butch apenas llego se fue a acostar agotado tras la intensa jornada, mientras que Sundance se quedó despierto hasta tarde, contándole a Francis sobre el atraco. Esa noche Sundance, tras tomarse unos whisky`s, también le habló de su vida, de sus sueños, de Etta su gran amor y de haber "hecho varios intentos junto a Butch para vivir dentro de la ley”, pero que estos intentos siempre habían sido frustrados por la policía y la agencias Pinkerton que lo rastreaban, “obligándolos a regresar a la fuga, para no ser detenidos y a delinquir obligatoriamente para poder sobrevivir". En la que dejo bien en claro, "que nunca había matado o lastimado a alguien de no ser en defensa propia, y que nunca había robado a los pobres".
A pesar de que Francis no estaba de acuerdo con las actividades delictivas de sus visitantes, los encontraba "muy agradables y entretenida su compañía ya que hablaban el mismo idioma " y en esa región nadie podía mantener una conversación con él, es por esta razón que los recibía a fin de no sentirse tan solo y aislado.
A la mañana siguiente, un empleado de Francis que había ido al pueblo de Tomahuaico para hacer compras regreso al campamento con la noticia que había escuchado que una patrulla militar de Tupiza venía en esta dirección. Butch y Sundance, al escucharlo y sin perder tiempo empacaron sus pertenencias y ensillaron. Para desconcierto de Francis, ellos insistieron casi perentoriamente que los acompañara, dado que este conocía mejor los caminos. Esperando que ellos eligieran dirigirse hacia Argentina en busca de refugio, se sorprendió cuando dijeron que irían hacia Oruro una ciudad ubicado al norte de Bolivia, aduciendo que allí encontrarían un lugar seguro para esconderse hasta que pase todo.
Temiendo quedar atrapado entre las balas si los soldados los encontraban, Francis nerviosamente llevó a los bandidos al sudoeste a lo largo del San Juan Del Oro y luego al norte a través de un estrecho barranco al pueblo de Estarca. Al llegar la noche, Francis agotado consiguió convencerlos de que pasaran la noche en casa de unos conocidos de él.
Al día siguiente, antes que amaneciera Butch y Sundance despertaron a Francis y con voz muy baja, a fin de no despertar al resto de la familia que tan gentilmente los había hospedado, le agradecieron por su ayuda comunicándole que iban a seguir solos. Francis al escucharlos respiro sintiéndose liberado y no dudo en ir a despedirlos, tenia el presentimiento que era la ultima vez que los iba a ver.

 

Esta historia continuará...

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