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Butch Cassidy
HISTORIA

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PARTE 15

Tras el asalto, al empleado Carlos Peró de la Compañía Aramayo de Bolivia, comenzó una implacable persecución policial tras las huellas de Butch y Sundance. Quienes, concientes de la situación, buscaron refugio en el campamento minero de su amigo el Ing. Francis. Pero al día siguiente, de llegar al campamento, tuvieron que empacar rápidamente ante la noticia de que una patrulla militar venía en esa dirección. Como no conocían la región y necesitaban tomar atajos a fin de cubrirse, se llevaron a Francis sin darle alternativas, con el fin de que los guiara.
Al llegar la noche, Francis agotado tras la travesía, consiguió convencerlos de que pasaran la noche en la chacra de unos conocidos de él, ubicada en la región de Estarca.
Al día siguiente, antes que amaneciera Butch y Sundance despertaron a Francis anunciándole que partirían sin él. Francis al escucharlo y aun con el sopor de quien recién despierta, se sintió aliviado y no dudó en ir a despedirlos, tenía el presentimiento que era la última vez que los iba a ver con vida.


En búsqueda de un refugio

Con un mapa diseñado el día anterior por un peón baqueano de la chacra en donde se alojaron, partieron rumbo hacia San Vicente, un pueblo minero ubicado a cuatro mil quinientos metros de altura.
Al llegar, se alojaron en la pensión de Bonifacio Casasola  con el fin de poder descansar antes de seguir viaje, además Butch no se sentía muy bien de salud y en esas condiciones no podía continuar. Esa noche Sundance, por recomendación de Butch, salió solo y se fue al boliche del pueblo con el fin de investigar si el lugar era seguro, con la idea de quedarse unos días más. Y es allí donde Sundance conoce a Cleto Bellot, la principal autoridad local, con quien comparte unos tragos. Que mejor que el comisario del pueblo para obtener información. Pero esta actitud tan atenta de Sundance, que solía servir para comprar a bajo precio buena predisposición, de nada sirvió en esta ocasión. Bellot, tras despedirse -luego de mantener una entretenida charla- y sin perder tiempo, decidió convencido que estaba cumpliendo con su deber -ya que había sido alertado por sus superiores que por esa región podrían andar los delincuentes buscados de origen norteamericano- ir directo a la casa de Manuel Barran, donde se estaban hospedando cuatro hombres pertenecientes al Regimiento de Abaroa, reportando la presencia de estos dos visitantes extranjeros.
El Capitán  al enterarse, en cumplimiento de su deber, decidió actuar y le pidió apoyo a Bellot. Pero antes debía organizar, junto a los que iban a participar, un rápido plan a fin de llevar a cabo un ataque sin contratiempos. Ya organizados, antes que amaneciera, se dirigieron rumbo a la pensión de Casasola, donde en forma sigilosa rodearon la casa. Ubicándose sus hombres en forma estratégica, cubriendo tanto el frente como la parte posterior de la pensión que daba a un patio, posibles lugares de fuga de los sospechosos. Ya en sus posiciones uno de ellos dio la vos de alerta comunicándoles que la casa estaba rodeada y que salieran con las manos en alto.
La respuesta, ante la sorpresa de todos, fue un prolongado y tenso silencio y tras esperar unos minutos, el Capitán a cargo del operativo dio a uno de sus soldados, una señal para que ingresara por el patio de la casa. Y es ahí cuando se oyeron disparos que provenían de una de las ventanas en donde quedó herido el soldado líder, Víctor Torres, en el cuello. Este, ignorando la gravedad, buscó un escondite, sin alertar a sus compañeros, donde murió desangrado sin llegar a tener asistencia. Mientras tanto, los demás al oír los disparos, desenvainaron sus armas iniciándose un fuego cruzado hacia las ventanas. Butch, acostumbrado a la acción decidió buscar refugio en otro sector de la casa ya que en el lugar donde él se encontraba se sentía acorralado, siguiéndolo Sundance. La idea era escapar por el frente, pero ante sus sorpresa nada podían hacer,  la oscuridad no alcanzaba para facilitar la fuga, estaban en desigualdad de condiciones y  si bien, por momentos se producía el cese de fuego, era cuando recargaban sus oponentes las armas.
Mientras tanto, el tiempo pasaba y el amanecer empezaba a despuntar dando sus primeros destellos de luz tenue que anunciaba el final inevitable.
Parapetándose detrás del muro del patio trasero y tras los árboles de la entrada de la pensión, los militares y policías esperaban pacientemente que llegara el día para ingresar, sin dejar de disparar -ya no en forma intensa-  a las ventanas y puertas. Mientras respondían desde adentro, sin darse por vencidos. El Capitán a cargo del operativo viendo que el final se acercaba,  le pidió a Bellot que fuera urgente a buscar refuerzos para terminar de una vez por todas este enfrentamiento.
Los refuerzos no tardaron en llegar y el fuego contra la casa se intensificó. El tiroteo continuó hasta que, según relató Bellot: “se oyeron gritos del interior de la casa”, paralizando a los presentes que inmediatamente cesaron de disparar, produciéndose un pavoroso silencio.
En ese momento, que en realidad fue un instante de intenso temor, nadie se atrevió ni a moverse ni a hablar, como esperando una reacción desde adentro de la casa. Pero nada sucedía, reinando un silencio sepulcral que fue quebrado por las órdenes del Capitán a cargo del operativo de ingresar a la casa. Al entrar  encontraron en uno de los cuartos a Bonifacio Casasola, el dueño de la pensión, atado y con los ojos vendados ubicado debajo de la cama temblando de miedo junto a dos cadáveres irreconocibles por los impactos de bala recibidos.
Según la descripción, Butch presentaba un disparo de bala en el brazo, recibido durante el intenso tiroteo y otro que él mismo se disparo en la boca, mientras que Sundance se encontraba también con varios disparos en los brazos y otro que Butch le dio certeramente en la cabeza con el fin de evitar lo inevitable, que era ser capturados por la policía con vida. Estos detalles sobre sus últimos momentos fueron relatados, por lo que escuchó Bonifacio ya que sus ojos estaban cubiertos por un pañuelo.
Ambos cadáveres fueron retirados por la policía, rodeados de curiosos que se acercaron al lugar de los hechos y según relatos de quienes los vieron, estaba irreconocible ya que sus rostros estaban desfigurados por los disparos recibidos.
Las identidades de Butch y Sundance fueron reconocidas en base a que el dueño confirmó que ambos estaban hospedados en el lugar, pese a que no los conocía y por Peró que dijo reconocer sus vestimentas ya que nunca les pudo ver la cara. Además sus rostros estaban totalmente desfigurados por los disparos recibidos impidiendo el reconocimiento visual de quienes decían conocerlos. Los criminales, debido a estas dudas que surgieron, fueron enterrados en el cementerio de San Vicente como desconocidos.
Entre las pertenencias de Butch fue encontrado mucho dinero, que se supuso que era parte del botín robado a la Compañía de Aramayo. Todas sus pertenencias fueron secuestradas por el Capitán a cargo del operativo y colocado en un baúl bajo llave, llevándoselo este a Uyuni, su lugar de residencia, sin importarle el reclamo, abalado por la denuncia de Peró, de la  Compañía quien, según los datos que se manejan, nunca pudo recuperar el dinero.
De acuerdo con el informe oficial, Butch tenía consigo un revólver Colt con cuarenta balas de repuesto, mientras que Sundance tenía una carabina Winchester con noventa cartuchos y se encontró en sus alforjas otra carabina de las mismas características. Descripción nada coincidente, en cuanto a las armas que portaban, con la proporcionada por Peró en su denuncia policial.

 

Esta historia continuará...

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