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Butch Cassidy
HISTORIA

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PARTE 4

Continuando con esta, más que interesante y sorprendente, historia de vida de estos tres atípicos personajes -para nuestra región- que eligieron como refugio nuestro generoso y crédulo país, seguiré relatándole sus logros y algunas anécdotas.

Sus gustos y costumbres

A los tres coincidentemente les gustaba el confort y respetaban las buenas costumbres. Por ejemplo era común en ellos poner la mesa con mantel para comer, perfumar el agua para bañarse, y usar un lavamanos. La palangana donde echaban el agua para higienizarse era de cerámica  y usaban ropa buena. Con esto demostraban ante sus vecinos y nuevos amigos que estaban acostumbrados a un nivel de vida más alto o con mayor confort que el resto de los pobladores de Cholila. Además impresionaba la soltura con que se desenvolvía y conversaba la mujer (Etta).

Aunque cada uno de los miembros de la ''familia de tres'', como los llamaba la gente del pueblo, aportaban al trabajo, Cassidy era el verdadero experto en ganadería. Los  ganaderos de Cholila aprendieron de él la relación entre patrón y peón: los gringos pagaban bien y a tiempo, cumplían lo pactado y enseñaban a sus trabajadores.

Como verán  este pintoresco trío de fugitivos, considerados peligrosos, se supieron ganar la amistad y el respeto de los vecinos sin despertar ninguna sospecha. Era una región que recién comenzaba a poblarse y muchos viajeros acudían en busca de nuevos horizontes prometedores como resultaba ser en aquel entonces el  Oeste cordillerano. Era tal la confianza que se ganaron, que llegaron a salir como garantes del comisario de la Colonia del Valle 16 de Octubre y alojaron en su cabaña al mismísimo Julio Lezana, gobernador del Territorio del Chubut y a su hija que lo acompañaba en una visita a la región.

Sin lugar a dudas el Valle de Cholila, por sus condiciones climáticas y su paisaje, debió resultarles un espacio familiar. Un jinete norteamericano podía sentir que cabalgaba por el sur de Utah  y que contemplaba los Montes Apalaches (Sistema Montañoso norteamericano), al llegar a la cercanía de la cordillera. Y Butch, para completar la ilusión de haber podido cumplir el sueño tan anhelado por él en su país, decidió levantar su cabaña, en total acuerdo con sus dos compañeros, bien al estilo americano. Para esto, utilizó troncos de ciprés acostados, techos de dos aguas de tejuelas de alerce y pisos de madera.

En cuanto a las posibilidades económicas que se les presentaba en la región, eran también  similares a los buenos tiempos del Oeste americano. El ganado circulaba en manadas comunes, el robo era una actividad no muy controlada y se los culpaba siempre a los chilenos, a los de condición humilde y a los aborígenes del lugar. Y si las malas lenguas, entre susurros, insinuaban que el ganado de la sociedad Ryan y Place (seudónimos que utilizaban Butch y Sundance) aumenta demasiado rápido, casi sospechosamente, nadie se atrevía a interferir en sus negocios y mucho menos a denunciarlos. ¿Acaso no eran amigos del gobernador?

El Almacén de Buch Cassidy en Cholila

Además de la casa y de las instalaciones para el ganado, Ryan construyó un almacén que pasó a ser el centro social de los hombres del pueblo que era conocido entre los pobladores como “La casa de negocio de Ryan y los Place”, en donde frecuentaban muchos compatriotas que eran en su gran mayoría hacendados o aventureros en busca de oro con la quimera de enriquecerse del “día a la noche”.

Butch ya no podía quejarse de no tener con quien hablar y Ricardo Perkins fue uno de sus principales interlocutores debido a que se hicieron grandes amigos. Nacido en zona rural de Villa María, Córdoba, en 1874, Perkins era hijo de un norteamericano que trabajaba como contratista de ferrocarriles, y según su propio testimonio se educo en el Colegio Militar de Richmond, en Estados Unidos. De regreso a la Argentina, tras completar sus estudios, se radicó dos años en Junín (Prov. de Bs. As.) en donde trabajo en el ferrocarril, y luego viajo a la Patagonia para ponerse al frente de la Compañía de Tierras.  
En el famoso almacén de Butch se hablaba del tiempo, de los animales, de negocios, proyectos y de las mujeres del lugar. Ellas, estaban lejos de ser débiles florcillas silvestres que se pasaban el día fregando platos. Casi todas las mujeres manejaban armas y eran tan fuertes para enfrentar la adversidad y los trabajos rudos como sus hombres. La frontera vulnerable, los cuatreros que iban y venían y los maridos todo el día en el campo, obligaban a aprender de rifles. Eso sí, ninguna lugareña podía hacerlo como Etta, quien se supo ganar el respeto en Cholila, y no sólo por los dos revólveres que usaba al cinto sino también por sus firmes convicciones y su forma de actuar en la vida. Sostenía  que una mujer del Oeste Norteamericano, su lugar de origen, había sido preparada para criar hijos, para cocinar y para defender su tierra, su persona y su hombre, y el  lugar donde residía se parecía mucho a su tierra natal.

Una anécdota de Etta

Según cuentan la tradición oral de Cholila, en una oportunidad Etta, le pidió a Griselda -una vecina a quien solía visitar-  dos botellas de malta para mostrarle lo que era capaz de hacer una mujer criada entre bandoleros y terratenientes. Las botellas fueron colocadas por ella misma sobre dos pilares. Etta decidida montó con habilidad su caballo y a todo galope se dirigió hacia la tranquera para tomar distancia, una vez allí, erguida sobre su caballo puso las riendas entre los dientes, tomó un revólver en cada mano y espoleó con sus piernas al potro, logrando en pleno galope hacer volar en mil pedazos las botellas hacia todos lados, con una amplia sonrisa de satisfacción, ante los ojos perplejos de su nueva amiga.

Aparece la famosa “Agencia Pinkerton” en escena

Mientras todo parecía marchar tal cual lo había premeditado Butch, la Agencia Pinkerton  pudo rastrearlos a través de la correspondencia que recibían sus familiares y amigos. Evidentemente, debió sentirse muy seguro en Argentina y esto queda en evidencia cuando le escribe, como era su costumbre, a Mathilda Davis – suegra de Elzy Lay famoso ladrón de ganado detenido en prisión  y muy amigo suyo-  dejando de lado los códigos que solía colocar e identificándose con su verdadero nombre y apellido e indicando además, su nueva dirección para que lo visiten apenas logre Elsy su libertad.

Con estos datos, la Agencia, envía a Argentina al detective Frank Dimaio, quien a principio de 1902 son confirmadas sus identidades – al ver las fotos de Butch y Sundance- por  el mismísimo vicecónsul de Estados Unidos, George Newbery quien les informa con exactitud sus nuevos nombres y donde están instalados Cassidy y su amigo, ya que él fue el que los recibió y los asesoró apenas llegaron al país. Agregándole el dato de la joven mujer que los acompañaba a quien el detective desconocía  su existencia e identidad.

Con la noticia, al ser informados los particulares damnificados que financiaban la búsqueda, que estos andaban por el otro extremo del continente, deciden por el momento dejar las cosas como están  ya que no estaban  dispuestos a financiar  los altos costos para encarar la expedición de pesquisa en el despoblado Sur Argentino. Pese a esta actitud, la Agencia Pinkerton  –con el tiempo se supo- no se va a dar por vencida. Si bien el detective Frank Dimaio recibe órdenes de sus jefes de regresar a su país, la recompensa ofrecida en Estados Unidos por la poderosa compañía ferroviaria “Unión Pacific” por la detención de Butch y Sundance, era demasiado tentadora para dejarla pasar.

Esta historia continuará...

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