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Mate Cocido
HISTORIA

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parte 18, parte 19.


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PARTE 1

Continuando con mi idea de relatarles historias de los Bandidos Rurales de nuestro territorio, he decidido continuar con la vida de Segundo David Peralta quien con el tiempo se transformará en el famoso alias “ Mate Cocido”. Un personaje que seguramente los atrapará, como lo logró en su momento Juan B. Bairoletto y el Pibe Cabeza, o por lo menos es lo que yo espero. Investigar sobre su vida es un nuevo desafió que me he propuesto y espero que todos Uds. me acompañen capítulo a capítulo.
Antes de pasar a contarles esta interesante historia, quiero hacerles llegar mi agradecimiento a todos ustedes, mis lectores, por la cantidad de mensajes recibidos y por la valiosa información recibida. Aprovechando este espacio les recuerdo que para aquellos que no hayan conseguido la Revista por números agotados, y por esta razón, se han perdido algún capitulo de Bairoletto, los invito a ingresar a nuestro sitio de Internet: www.noticampo.com. En donde no solo encontrarán lo que buscan, sino también, notas destacadas del sector y las empresas más importantes de la región. Además podrán acceder a comprar o vender maquinarias, implementos, campos, camionetas y todo lo que Uds. como hombres de campo requieran. De ahora en más los invito a disfrutar de esta apasionante historia, espero que les guste.


Sus comienzos

Allá por los finales del siglo XIX en Monteros, un pueblito perdido, ubicado en las afueras de Tucumán, vivía Patricio Gustavo Peralta, obrero gráfico, quien estaba casado con Rosa Miranda. Dos modestos apellidos criollos de largo arraigo en el lugar. En ese humilde y digno hogar un soleado 3 de Marzo de 1897 nace felizmente Segundo David.
Con el tiempo compondrían su familia cinco hermanos varones y una mujer, Isabel, que sería la menor de todos ellos.
Segundo David cursó los estudios primarios exitosamente y se caracterizó siempre por su carácter tranquilo. Concluida la primaria se inició como trabajador en una imprenta con el fin de ayudar económicamente a su familia continuando así el oficio de su padre, alcanzando en corto tiempo la especialidad de encuadernador. En su adolescencia y juventud era más bien tímido, de cuerpo esmirriado, espíritu sensible, y muy protegido por sus padres que lo cuidaba y lo aconsejaba, con el objetivo de encausarlo por el buen camino, siguiendo sus costumbres.
Fue la suya, una infancia e adolescencia, tranquila y insignificante. Rodeada y contenida por el afecto de su familia. Solamente perturbada, por sus ambiciones impotentes ante la imposibilidad de mejorar el bienestar económico de los suyos, ya que pasaban todo tipo de necesidades; y abatidos sentimientos, por el triste porvenir que se les avecinaba irremediablemente ante sus ojos.
Segundo David fué siempre muy apegado al hogar, amaba a su madre, respetaba las reglas que se le imponían y era muy buen hermano.
¿Pero, qué razones impulsaron un día a ese muchacho tan sensible y muy bien criado a elegir la vida delictiva? Cierta versión comprobada con el tiempo, asegura que Segundo David, habría sido víctima de procedimientos policiales rigurosos e injustos. Que despertaron, con el correr de los años, un inmenso sentimiento de odio, que se le fue anidando en sus entrañas, envenenándole poco a poco su sano espíritu. Que finalmente lo indujo a la decepción de seguir llevando adelante una vida honrada.
En efecto, según se pudo confirmar de acuerdo a la tradición oral, el joven Peralta enredado en amores con una joven tucumana, habría provocado los celos irrefrenables de un oficial de policía, quien se dedicó a perseguirlo sometiéndolo al limite de la humillación. No obstante, si se consultan los primeros antecedentes policiales de Peralta, aparecen indicios muy sugestivos dejando a las claras que algo raro sucedía entorno a él.
Veamos los detalles de ese proceso.
En 1918 cuando David tiene 21 años de edad, es detenido por primera vez por “averiguación de robo”; sin existir ninguna acusación formal ni prueba concluyente, solamente la presunción de que sería autor de un delito, quedando en libertad a las horas.
Dos meses después vuelve a comparecer ante la policía; esta vez “acusado de robo”, pero recupera la libertad dos días después. Transcurridos ocho meses, nuevamente es detenido durante una semana, para otra indagación por el mismo delito, y nada se le pudo comprobar. Poco después, otra “averiguación de hurtos reiterados”, que le cuesta varios meses de prisión. No bien recupera la libertad, nueva citación para “averiguación de antecedentes”; procedimiento que a todas luces confirma la intención de mortificarlo.
Ante este panorama, en diciembre 1919, David en busca de sosiego decide instalarse en Córdoba. Pero a los 22 años de edad, distanciado de su familia, ni su rostro ni sus modales podían disimular el resentimiento interior que sentía, y sus aptitudes reflejaban una existencia adusta y contrariada. La policía cordobesa lo detiene como forastero sospechoso, por “averiguación de antecedentes”, dejándolo en libertad a las pocas horas.
Siete meses después decide regresar a Monteros, extrañaba demasiado a su familia, y es detenido a las horas de su llegada por la eterna historia: “averiguación de robo”. Dieciocho días después, nuevamente “por hurto”, sin contar la policia con indicios suficiente como para retenerlo, quedando en libertad al día siguiente, dejando bien a las claras la persecución injusta de la policia hacia él.
Un mes después de aquella última detención, Segundo David Peralta es detenido pero esta vez ”por sodomía”, es decir lo acusan de mantener relaciones sexuales con otros hombres. Recupera su libertad a los dos meses, “sobreseído”, por falta de pruebas. Y todo esto ocurre en su pueblo natal y con tan solo 23 años de edad. Con la clara intención de humillarlo de una forma infame públicamente y sumir a toda su familia en una absurda vergüenza. Esta acusación jamás se le pudo comprobar quedando a las claras que fue un nuevo intento, por parte de alguien evidentemente con muchas influencias, de embarrar su buen nombre y empujarlo al desarraigo definitivo de su pueblo.
Cansado de tanta injusticia regresa nuevamente a Córdoba, donde se refugia con su impotencia durante un año. En este período nada se supo de él, salvo su familia, a la que nunca dejo de escribirles extensas cartas, sobre todo con Isabelita la menor de sus hermanos, intentando mostrarles un optimismo totalmente ausente para su pesar. Dejando a las claras el afecto que sentía hacia los suyos y la necesidad inmensa de mantener un contacto a la distancia en forma permanente.
En diciembre de 1921 cerca de las fiestas de fin de año reaparece en su pueblo. La policía, apenas enterada de su presencia, acude a detenerlo, poniendo como excusa “por averiguación de robo”, y por primera vez en su vida, Segundo David abandona la actitud resignada de siempre, negándose a la detención. Y tras un breve forcejeo, corre buscando refugio dentro de su casa. La policía tras de él ejecuta unos disparos para intimidarlo. La madre, ante los hechos sale de su casa y clama sollozando por la vida de su hijo y ante sus lágrimas David decide entregarse sin poner ninguna resistencia. Como era de prever, recupera su libertad horas después de su detención, ya que la policia no contaba con ningún cargo concreto contra él. Luego de un mes de estadía con su familia, cansado de ser acosado por las citaciones, los sumarios y los encierros, decide regresar a Córdoba. Quedando en evidencia, ante todo el pueblo el hostigamiento injusto de la policía, con el único objetivo innegable de que se olvidara definitivamente de su pueblo natal.
Con el propósito de evitarles problemas mayores a su familia y amigos adopta el nombre de Alberto Córdoba para hacerles llegar la correspondencia, y de esa manera lograr que le pierdan el rastro por un tiempo.
El ensañamiento policial esta logrando poco a poco pero sin pausa, que el hijo de las circunstancias adversas del destino, elija de una vez y en forma definitiva el camino del delito. Sin darle demasiadas opciones. Con él agravante, que tiene el odio y el resentimiento instalado en su alma. Circulando por su cuerpo como serpientes de fuego a través de sus venas.


Esta historia continuará...


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