EL PIBE CABEZA Capítulo 2

En esta segunda parte de la historia, pasaré a relatarles algunos de los atracos más importantes. Cabe destacar que el Pibe Cabeza demostró, junto con sus cómplices y encubridores, gran audacia en cuanto a los métodos utilizados para llevarlos a cabo.

La joyería
El 23 de octubre de 1936, alrededor de las diez de la mañana, tres individuos entraron a la joyería que don Arturo Guglielmi tenía en la calle Maipú 1135 en Rosario, Santa Fe, y le pidieron que les exhibiera un buen solitario para hacer un regalo importante.

Los individuos vestían bien y aparentaban buenas maneras y ser gente de dinero. De modo que el comerciante los atendió con educación y esmero. Pero cuando extrajo el cofre para presentar a los recién llegados lo mejor de su mercadería, los sujetos sacaron sus armas y amenazaron a Guglielmi, como así también a su esposa y los cuatro empleados que se encontraban allí.

Todos, menos el dueño, fueron amenazados y obligados por uno de los asaltantes a pasar a las habitaciones interiores. Otro de los desconocidos bajó la cortina metálica del frente y luego, sin mucho apuro, obligó al Sr. Guglielmi a que le abriera la caja fuerte, de la cual sacó alhajas por un valor de $60.000, una barra de oro y la suma de $1.500 en efectivo.

Luego, los tres ladrones, se dieron a la fuga en un automóvil que los esperaba en las inmediaciones. La policía, que al cabo de un rato recibió la denuncia del joyero Guglielmi, estableció por las descripciones que uno de los delincuentes era el Pibe Cabeza y otro Felipe Alí, alias “Cherrubia”.

El asalto a Nobleza de Tabaco
El 9 de mayo de 1936 volvieron a desafiar a la policía con un asalto a las oficinas de la Compañía Nobleza de Tabaco, en pleno centro de Rosario. El botín fue escaso, porque la empresa llevaba la recaudación diaria a un banco, y además se descubrió que los asaltantes tenían una informante: Blanca Calvo, una chica de 18 años que se había empleado como doméstica en una casa vecina para observar el movimiento de la compañía y que era la amante del Pibe Cabeza.

Según contaron los obreros y empleados de la fábrica Nobleza de Tabaco, inmediatamente después de producirse el robo y tiroteo, los métodos empleados en ese asalto en nada diferían de los usados por los anarquistas, en cuanto a la organización minuciosa y muy bien estudiada que había llevado adelante la banda del Pibe Cabeza.

El éxito de la operación se debió en gran parte al factor sorpresa utilizado. Los vecinos y la policía del lugar no podían determinar con exactitud en un principio quiénes habían sido los autores del atraco, partiendo de que el procedimiento utilizado no fue el enfrentamiento frontal, sino más bien un plan premeditado y alevosamente ejecutado. El Pibe bien había aprendido de sus antiguos amigos “los anarquistas” las tácticas de batalla, y que ahora ponía en acción para su propio provecho. Se comentó que en fábrica reinó el pesimismo entre los obreros, al conocerse que era una pandilla de delincuentes comunes y no un grupo de revolucionarios los que habían cometido el atraco.

Sus encubridores
Si bien su área de acción delictual abarcaba las provincias de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, donde la gavilla abarcaba toda la gama de delitos posibles, era en la ciudad de Lincoln donde más a gusto se encontraba.

Es que esta ciudad del noroeste bonaerense fue convertida por el Pibe Cabeza y su banda en el centro de sus operaciones. A esto lo evidencian los hechos que fueron perpetrados por estos en el transcurso del año 1936. Por ejemplo, el asalto y robo en la localidad de Bermúdez ocurrido el 25 de febrero; asalto, robo y heridos en la localidad de Robert el 20 abril; asalto y robo en la ciudad de Pehuajó al Sr. Antonio Pereyra Iraola en el mes de noviembre y el asalto y robo ejecutado en el camino que une Santa Isabel con Villa Cañás a un viajante de la casa Ponce y Cía., de la ciudad de Rosario, el 3 de diciembre, entre otros. Todos atracos que utilizaron a Lincoln como epicentro.

Ocurre que en esa localidad bonaerense se encontraban sus principales encubridores, encargados de recibir y luego vender las mercaderías robadas, entre quienes estaban:
Juan Sanguinetti, hombre muy conocido en la ciudad al que jamás, dicho por sus vecinos, “se le hubiera creído capaz de intervenir en asuntos de tanta gravedad”, dado que lo consideraban un hombre honesto y dedicado a su trabajo. Sanguinetti era agricultor, poseedor de una chacra en la que residía y propietario de otros campos en la región en donde escondía los autos que la banda robaba, los cuales luego eran vendidos a medida que se los iban entregando.

Otro era Juan Cortesse, empleado de Juan Sanguinetti, que se encargaba de la administración de sus campos. Gozaba de la plena confianza de sus vecinos, no tenía antecedentes policiales y había sido secretario de la Federación Agraria de Lincoln. El Pibe Cabeza utilizaba su domicilio como depósito para guardar mercadería y objetos robados, tales como alhajas, armas, radios, máquinas de escribir, etc. Luego de la muerte del Pibe, Cortesse fue detenido y confesó que la banda tenía planeado el secuestro del hacendado Santiago Maguirre, dueño del establecimiento ganadero “Tres Bonetes”, en el partido de Lincoln, y si no lo llevaron a cabo fue porque no se habían puesto de acuerdo entre ellos en cuanto a la suma que iban a exigir.

Otros de los planes que tenía la banda al momento del deceso del Pibe era asaltar la sucursal local del Banco Nación y el secuestro de don Mateo Gemura, oriundo de Chacabuco, quien se dedicaba al remate de hacienda.

Vicente Cirigliano, alias el Zurdo, era el único que tenía antecedentes policiales; también tenía la función de ocultar la mercadería producto de los robos para luego venderla. El atraco al viajante rosarino de la casa Ponce y Cía., perpetrado entre Santa Isabel y Villa Cañás, fue el que motivó la mediación de la Policía local, al mando de los comisarios Abelardo Marchette y Miguel Bert. Dicha investigación dio como resultado que la banda del Pibe Cabeza era la responsable del hecho delictivo y que en Lincoln se encontraba el centro de operaciones, sus refugios y los principales encubridores.

Cirigliano fue el que recibió las mercaderías robadas en este asalto (tabaco, cigarros y cigarrillos), que fueron vendidas entre los comerciantes de la zona céntrica de Lincoln.
Santiago Iriarte: a pesar de no tener antecedentes, la gente del lugar no lo apreciaba y lo consideraban capaz de hacer cualquier cosa. Era uno de los que mantenía más estrecha relación con el Pibe, al cual alojó en varias oportunidades en su casa. Tomó parte en los botines de los asaltos a una panadería en Bermúdez, a un tambo en Pasos Kariqui y al Sr. Varela de Robert, interviniendo también en el robo a la estancia de los Pereyra Iraola, entre otros.

Todos los mencionados, posteriormente a la muerte del Pibe Cabeza, fueron detenidos y confesaron haber tenido trato directo con Cabeza y sus secuaces.

*Versión original de Marisa Fernández Díaz, para Revista NotiCampo.

Como ya les adelanté en el capítulo anterior, todos los hechos relatados son extraídos de las crónicas policiales de aquellos tiempos. Como verán, se acerca el final de esta apasionante entrega.

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El Pibe Cabeza

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