Tras meses de parálisis y deudas salariales, la histórica empresa negocia el traspaso de sus acciones. ¿Quiénes son los empresarios que pujan por la marca?
Fundada en 1949 por Roque Vassalli, la empresa de Firmat, es considerada el último bastión de tecnología nacional en materia de cosecha.
Tras pasar por diversas manos —desde el grupo Koner-Salgado hasta los empresarios Esteban Eskenazi y Matías Carballo, y más recientemente la familia Marsó—, la firma busca ahora una «tercera vida» que le permita competir en un mercado agrícola que demanda tecnología de punta.
Su crisis comenzó en el 2024 y desde ese año, los problemas se agravaron al punto que el cambio de dueño sería inminente y podría oficializarse en los próximos días.
El objetivo de la operación es el de reactivar una marca que supo fabricar más de 1.000 unidades anuales y que hoy pelea por su supervivencia, complicada por la caída del sector y, más que nada, por la apertura de las importaciones.
Crisis financiera
Es un nuevo intento de traspaso para salvar a la empresa, que ha enfrentado meses de inactividad y que ya ha atravesado por otras negociaciones para cambiar de propietarios que siempre terminaron en fracaso.
De hecho, a principios del 2024, había pasado a manos del empresario entrerriano Eduardo Jorge Marsó, miembro de la familia que opera la compañía avícola entrerriana Las Camelias.
Este empresario le compró Vassalli a Esteban Eskenazi –hijo mayor de Enrique Eskenazi–, y desde entonces mantuvo un plantel de unos 260 trabajadores y comenzó a llevar a cabo un proceso de reactivación, con una puesta a punto que llevó varios meses hasta volver a producir unidades en el segundo semestre de 2024.
Marsó intentó profesionalizar la gestión y sanear las cuentas tras años de inestabilidad, pero se topó con una «tormenta perfecta»: la sequía histórica que fulminó la demanda de maquinaria y la falta de acceso a divisas para componentes importados.
Actualmente, la empresa enfrenta una profunda crisis financiera con sueldos impagos, problemas operativos, acumulando deudas salariales y tensiones con el sindicato.
Desde el 1° de abril pasado, la empresa implementó un esquema de apenas cuatro horas por turno, situación que se agrava con los reclamos de sus operarios por meses de salarios adeudados y también por la falta de insumos para producir.
Además, la relación con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), terminó de romperse en el último año debido a los esquemas de pagos escalonados y la parálisis de la planta. Este escenario llevó a los Marsó a buscar una salida elegante para evitar un proceso judicial mayor.
Un «viejo conocido»
La deuda acumulada con las PyMEs metalmecánicas locales es otro de los mayores frenos para reactivar la cadena de suministros, así como la capacidad ociosa que sufre por estos días, con una planta de esa magnitud trabajando al 10% o 20% de su potencial.
En el mercado se nombra a Roberto Cinelli como «la cabeza» del grupo empresario que estaría negociando el traspaso accionario de Vassalli.
No se trata de un desconocido para la empresa, si se tiene en cuenta que fue la cara visible de Vassalli durante los años 90 y principios de los 2000. Fue quien lideró la compañía en tiempos de fuerte competencia con las multinacionales, logrando mantener una cuota de mercado respetable.
De confirmarse su regreso al frente de un nuevo grupo inversor, su plan se basaría en la «vuelta a las fuentes»: recuperar el vínculo con el productor agropecuario tradicional y simplificar la línea de productos para hacerla más competitiva en precio.
En Firmat se asegura que el nuevo dueño de Vassalli ya tendría un acuerdo firmado con Scania para la provisión de motores para las nuevas cosechadoras que el gigante alemán produce en su planta de la ciudad brasileña de San Pablo.
De todos modos, las fuentes consultadas sostienen que para el regreso de Roberto Cinelli falta la última certificación de su balance general y el reconocimiento de una millonaria deuda que dejaría la familia Marsó en cheques rechazados.
El regreso de un jugador clave
El mayor reto de este empresario será convencer a los bancos y a los trabajadores de que su proyecto tiene la solvencia financiera necesaria para no repetir los errores del pasado.
Hasta hace unos meses, el nombre de Cinelli no figuraba en los planes de venta de la empresa, sino el del Grupo Corven (holding de la familia Iraola), que sonaba como el principal candidato. Sin embargo, las negociaciones se habrían enfriado definitivamente hace un mes debido a diferencias en la valuación de los pasivos.
De concretarse ahora la venta al grupo encabezado por Cinelli, Vassalli no solo evitaría la quiebra, sino que marcaría el regreso de un jugador clave en un momento donde el campo argentino requiere una renovación urgente de su parque de maquinaria.
De todos modos, el mayor desafío para el nuevo inversor no es solo fabricar máquinas, sino limpiar una estructura financiera que hoy asfixia cualquier intento de reactivación.
En este sentido, se estima que la empresa necesita una inyección inicial de u$s15 millones a u$s20 millones solo para normalizar salarios, saldar deudas urgentes con proveedores clave y comprar insumos para las primeras 20 unidades del nuevo ciclo.
















