Crece la inquietud en el campo por el impacto de la guerra

Poco a poco crece el nerviosismo por el impacto de la guerra en el precio del principal fertilizante para el agro. Esta situación se da en medio de la planificación de la siembra de granos finos, principalmente el trigo.

POR: JOSÉ LUIS AMADO -PERIODISTA AGRO- EXCLUSIVO PARA GRUPO LA VERDAD

La escalada bélica en Medio Oriente tensiona el mercado global de fertilizantes, dispara el precio de la urea y complica la planificación agrícola en Argentina. En este sentido, no faltan los productores que se van bajando de la posibilidad de sembrar trigo ante la incertidumbre de conseguir el imprescindible fertilizante.

Pasan los días y la escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán comienza a impactar de lleno en el mercado global de fertilizantes generando efectos concretos en la planificación de la próxima campaña agrícola en Argentina.

Esta semana, un asesor de un importante acopio de Junín, nos decía: “Apenas he podido conseguir dos equipos de urea para los clientes”, en referencia a que habían logrado comprar solo dos camiones, es decir unas 60 toneladas. Un volumen muy escaso, teniendo en cuenta la expectativa sobre la intención de siembra en el partido de Junín.

Un mercado bajo presión

El conflicto en Medio Oriente afecta directamente a la producción y logística de fertilizantes a nivel mundial. La industria depende en gran medida del gas natural (que explica hasta el 70% de sus costos) y tiene en esa región uno de sus principales polos productivos.

En ese esquema, el estrecho de Ormuz cumple un rol estratégico: por allí circula cerca de un tercio del comercio global de fertilizantes y alrededor del 20% del petróleo y gas natural licuado. Las interrupciones en esa vía, sumadas a ataques sobre instalaciones energéticas, ya derivaron en recortes de producción y cierre de plantas.

El resultado es un mercado más ajustado en un contexto de alta demanda. A nivel global, la oferta de urea (el fertilizante nitrogenado más utilizado) ya venía limitada por restricciones de exportación en China y menor producción en Europa. Con la guerra, la tensión se profundizó.

Precios en alza y menor disponibilidad

Los precios internacionales reflejan rápidamente ese escenario. La urea pasó de valores cercanos a los 50 dólares por tonelada a ubicarse en torno a los 750 dólares, con subas que rondan el 40% en pocas semanas. En algunos mercados, los incrementos llegan al 30% desde el inicio del conflicto.

Además del encarecimiento, aparecen problemas de disponibilidad. En países importadores clave, como India o Brasil, ya se registran dificultades de abastecimiento, mientras que en Estados Unidos productores reportan faltantes en puntos de venta.

La combinación de precios más altos, menor oferta y volatilidad logística introduce un nivel de incertidumbre que condiciona las decisiones productivas a nivel global.

El traslado al mercado argentino

En Argentina, el impacto ya se percibe. Especialistas ubican la paridad de importación de la urea por encima de los 800 dólares por tonelada, mientras que en el mercado local se registran subas significativas y, en algunos casos, falta de precios de referencia. “La urea aumentó cerca del US$ 200 por tonelada en el último mes”, informaron fuentes del sector.

Productores consultados coinciden en que el fertilizante es uno de los principales costos de los cultivos, especialmente en trigo y maíz, donde puede representar entre el 45% y el 50% de los gastos de implantación. Con los nuevos valores, los márgenes se ajustan y obligan a recalcular el nivel de tecnología a aplicar.

Por esto, con los nuevos precios, el costo de hacer trigo podría incrementarse hasta 50 dólares por hectárea, lo que eleva el rinde de indiferencia entre 3 y 5 quintales.

Así las cosas, el productor deberá producir más en un contexto en donde el margen ya venía ajustado para que le cierren los números. Además, no solo es el precio de los fertilizantes nitrogenados, sino también los aumentos de los combustibles que se elevan con la suba del petróleo obligando al agro a enfrentar una campaña 2026/2027 más cara.

En este contexto, muchos optan por postergar decisiones de compra a la espera de mayor claridad, aunque eso implica riesgos en términos de disponibilidad y de tiempo.

Un escenario abierto

Si bien aún no comenzó la cosecha de soja, ya los productores están pensando en la siembra de trigo. Por lo tanto, con la campaña fina en etapa de planificación, el mercado se mueve entre la necesidad de asegurar insumos y la incertidumbre sobre la evolución del conflicto y los precios.

Y encima el tiempo apremia, pues para asegurar disponibilidad de los insumos para la campaña fina, las decisiones comerciales deben tomarse entre lo que queda de este mes de marzo y abril.

Finalmente, decir que la evolución de la guerra y su impacto sobre la oferta global de la urea será determinante para definir los costos (y, en última instancia, la rentabilidad) de la próxima campaña.

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