Con la campaña 2025/26 prácticamente definida, los productores comenzaron a correr el foco del presente hacia el ciclo que viene y afinan el lápiz para analizar números.
En ese ejercicio, la relación insumo-producto aparece hoy como uno de los datos más alentadores, especialmente para quienes producen granos gruesos como soja y maíz, y ya piensan en abastecerse de insumos para la próxima campaña fina y la siguiente gruesa.
Diego Napolitano, presidente de la Cámara Empresaria de Distribuidores de Agroquímicos, Semillas y Afines Bonaerense (Cedasaba), explicó que “a principio de año suele haber un impasse en el uso de fertilizantes, porque se utiliza poco: algo de nitrogenados en maíz y, más adelante, fosforados en pasturas”.
Napolitano remarcó que “hay relaciones muy interesantes y positivas respecto a ciertos cultivos, como las forrajeras, donde los números dan muy bien”. Y advirtió que las decisiones se toman cada vez más sobre la marcha: “Hoy las decisiones del productor y del distribuidor son muy del día a día”.
Así, con muy poco por comprar para la campaña en curso, la atención del productor se desplazó hacia la planificación del ciclo 2026/27. En ese contexto, los analistas coincidieron en que hoy se observan buenas perspectivas en las relaciones entre soja y maíz frente a insumos clave, como glifosato, urea y fertilizantes, especialmente pensando en la siembra de trigo, cebada y oleaginosas de invierno.
“Es una situación histórica si se la compara con los últimos tres años, donde seguramente se van a dar relaciones favorables para comprar insumos para el trigo”, destacaron referentes del mercado.
Según los relevamientos, para la soja mayo 2026 (US$317/t), las relaciones claramente más favorables; hay una mejora generalizada en la capacidad de compra de insumos respecto del promedio de los últimos cinco años. Para adquirir una tonelada de urea, se necesitan 1,7 toneladas de soja, lo que implica una mejora del 18% frente al histórico. En el caso del glifosato, la relación es aún más favorable: se requieren 1,4 toneladas de soja para comprar 100 litros, un 33% menos que el promedio de los últimos cinco años, confirmando que el herbicida sigue en niveles históricamente baratos medido en grano. Algo similar ocurre con la atrazina, donde la relación mejora un 28%, con 1,9 toneladas de soja necesarias para adquirir 100 litros.
En cambio, el MAP es el insumo que muestra la señal más ajustada: hacen falta 2,8 toneladas de soja por tonelada de fertilizante, apenas un 5% por debajo del promedio histórico, lo que sugiere que no está tan barato como otros insumos. El gasoil aparece como la excepción negativa: si bien se necesitan solo 0,3 toneladas de soja por 100 litros, la relación empeora un 19% frente a los últimos cinco años, reflejando el mayor encarecimiento relativo del combustible.
Para el maíz abril 2026 (US$180/t) hay una mejora marcada en fertilizantes y herbicidas y las relaciones también son claramente favorables. Comprar una tonelada de urea requiere tres toneladas de maíz, un 12% menos que el promedio de los últimos cinco años. En glifosato, la mejora es del 28%, con 2,4 toneladas de maíz necesarias para adquirir 100 litros, mientras que en atrazina la mejora alcanza el 23%, con una relación de 3,3 toneladas. El MAP, en cambio, muestra una señal distinta: se necesitan 5 toneladas de maíz por tonelada de fertilizante, con una relación 8% peor que el promedio histórico, lo que confirma que los fosfatados siguen siendo el insumo más caro en términos relativos. El gasoil vuelve a mostrar el peor desempeño se requieren 0,6 toneladas de maíz por 100 litros, un 28% más que el promedio de los últimos cinco años.
En el maíz tardío, para cosecha julio 2026 (US$175/t), el escenario es muy similar al del maíz abril, aunque con ligeras mejoras adicionales en algunos insumos. Para la urea, se necesitan 3,1 toneladas de maíz, con una mejora del 14% frente al promedio. El glifosato vuelve a destacarse como uno de los insumos más convenientes, con una mejora del 30%, mientras que la atrazina mejora un 25%. El MAP continúa siendo el punto más débil: la relación es de 5,1 toneladas de maíz por tonelada, con un deterioro del 6% respecto del promedio de los últimos cinco años. El gasoil, nuevamente, presenta una relación desfavorable, con un empeoramiento del 26%, lo que ratifica que el combustible es hoy el insumo más caro en términos de grano.
En tanto, el trigo es el cultivo con menor mejora relativa en la relación insumo-producto. Para comprar una tonelada de urea, se requieren 2,8 toneladas de trigo, apenas un 4% menos que el promedio histórico, una mejora muy limitada. En glifosato, la relación mejora un 21%, y en atrazina un 16%, aunque sin alcanzar los niveles favorables que muestran soja y maíz.
El MAP es claramente el insumo más comprometido para el trigo: se necesitan 4,7 toneladas por tonelada, con un deterioro del 17% frente a los últimos cinco años. El gasoil vuelve a ser el peor indicador, con una relación 38% más desfavorable que el promedio, lo que explica por qué el trigo aparece hoy como el cultivo más castigado en términos de capacidad de compra de insumos.
En este escenario, señalaron que un productor que coseche en los próximos meses y disponga de liquidez puede aprovechar para anticipar compras. “Se pueden adquirir insumos para trigo, cebada y oleaginosas de invierno —básicamente semillas, fertilizantes y herbicidas— con buenas relaciones entre los granos gruesos y esos insumos”, indicaron.
La situación, sin embargo, no es homogénea para todos los cultivos. Para quienes dependen exclusivamente del trigo, el panorama es más ajustado. El precio del cereal no atraviesa su mejor momento y las relaciones con los insumos de la campaña siguiente resultan menos favorables. Fuente: La Nación.
















