La ganadería bovina no solo es fundamental para la vida humana, sino que además ha tenido un rol preponderante en la historia de la economía nacional. No obstante, el stock de vacas en Argentina acumula casi dos décadas de estancamiento.
Por: Ing. P.A. Emilio Vernet
La vaca es un mamífero herbívoro y, a su vez rumiante y poligástrico. Esto último quiere decir que tiene un estómago verdadero como el nuestro y tres pre-estómagos. Entre estos, el primero y el más grande es el rumen, una cuba de fermentación donde hay millones de bacterias que degradan la fibra de los pastos o forrajes, cosa que al ser humano le es imposible hacer, por ser monogástrico. Es decir que el vacuno tiene la cualidad de transformar esa fibra del forraje indigestible en proteína animal (carne y leche).
El vacuno, clave en Argentina (y en la vida humana)
Imaginemos un mundo en donde hubiera solo dos recursos naturales, el pasto y el agua, y dos especies, el hombre y el vacuno. Si el vacuno desapareciera, el hombre también, porque no podría vivir comiendo ese pasto. El vacuno en el ciclo de la vida es muy necesario.
La vaca mueve economías. La carne se consume, aporta proteínas de alto valor biológico, se exporta y genera divisas para el país. La humanidad cada vez demanda y va a demandar más proteína de origen animal, y hay que prepararse para ese momento. Hay que entender que el negocio de las vacas es un negocio de largo plazo.
La gestación de la vaca dura 283 días o 9 meses y 10 días. Tiene una cría por año y, en bajo porcentaje, puede tener mellizos. Una vez que nace una ternera, se la desteta de la madre a los 7 meses de edad, y luego hay que recriarla 18 meses para que se convierta en vaquillona. Es decir, todo ese proceso lleva 34 meses. Y para que esa vaquillona nos dé su primera cría, se necesitan 16 meses más. Es decir, en total se necesitan 50 meses o 4 años.
La vaca genera fuentes de trabajo. Para criar vacas se necesitan médicos veterinarios, ingenieros agrónomos, molineros, alambradores, peones de campo, universidades, centros de investigación (INTA), centros de inseminación, fábricas de camionetas y camiones, transportes de camiones y trenes, consignatarios de hacienda, frigoríficos, barcos, albañiles, empresas proveedoras de insumos agropecuarios, laboratorios veterinarios, libros y revistas, imprentas, rutas y caminos, pueblos, almacenes, supermercados, carnicerías, matarifes, exposiciones, venta de semen y embriones al exterior y tantas cosas más…
Tener vacas es un tema cultural y propio de nuestra historia. Si la Argentina no hubiese tenido vacas en la pampa, no habría sido posible desarrollar el país. La pampa era solo pasto, y por eso en esa época la gente se alimentaba casi exclusivamente de carne: no había otra cosa. Los ejércitos se trasladaban con rodeos enteros de vacunos para proveer de alimento a los soldados.
El consumo de carne de vaca, en especial el asado, no solo es un alimento, sino que también colabora en los reencuentros de amigos y familiares. Cuando alguien se encuentra con un amigo, normalmente le dice: ¿cuándo nos vamos a encontrar para comer un asado?
Con respecto a la emisión de gases de efecto invernadero que tanto se les achaca a los vacunos, cabe plantear que, si en el planeta solo habría animales, pasto y árboles, los gases estarían en total equilibrio, pues la emisión se compensaría con la captura. El que desequilibra principalmente la proporción de gases de efecto invernadero en la atmósfera es el hombre, con el uso de los combustibles de origen fósil (petróleo y gas), ya que los gases de esos combustibles se emiten, pero no se capturan.
Hay que entender también que la ganadería tiene un ciclo que siempre se da naturalmente. Durante un período de expansión hay mayor oferta, los precios bajan y comienza la liquidación, y durante un período de contracción la oferta disminuye, aumentan los precios y hay retención. Recordemos: para aumentar la oferta hacen falta 4 años de crecimiento.
El stock de vacas en la Patagonia es de 645.371 cabezas (2,92% del stock nacional de vacas) las cuales producen 530.594 terneros (51,23% de destete), lo cual es bajo. El 54,37% de esas vacas se ubican en la provincia de Río Negro.

El stock nacional de vacas en los últimos 18 años se ubicó entre 19 y 23 millones de cabezas; es decir, se mantuvo bastante constante. La Argentina debería tener arriba de 40 millones de vacas. En la Patagonia, entre estos mismos años, el stock regional de vacas creció 13,63% (de 567.950 a 645.371 cabezas).
Por lo tanto, la Argentina debería aumentar su stock de vacas, aumentar el porcentaje de destete nacional y aumentar el peso de faena, para aumentar su producción y exportación de carne al mundo. Esto se consigue básicamente con precio (mayor demanda interna y externa), menos presión tributaria y mucha capacitación. Potencial hay y mucho.
















