Fuertes protestas de agricultores europeos contra el Mercosur

Los agricultores insisten en sus protestas contra el acuerdo comercial histórico entre los países que integran la Unión Europea y los del Mercosur.

El pasado 9 de enero, la Unión Europea cerró un acuerdo comercial histórico con el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) que ha profundizado la grieta entre las promesas de Bruselas y la realidad de los campos españoles.

El tratado, que unirá las dos potencias agroalimentarias con más de 700 millones de consumidores, elimina aranceles para el 99% de las exportaciones agrícolas del bloque sudamericano, lo cual se estima abre las puertas a un aluvión de granos, miel y otras producciones que llegarán a Europa.

Pero el sector agropecuario europeo recela del acuerdo e insisten en su rechazo porque creen que empeorará su actividad.

En este sentido, las protestas se han sucedido en los últimos días a lo largo y ancho del continente europeo, y persistieron durante este fin de semana en varias ciudades. Una de las movilizaciones más destacadas en España ha tenido lugar en Tarragona, cuando casi medio centenar de tractores colapsaron el centro de la ciudad para protestar contra el acuerdo.

Uno de sus portavoces, Ramón Rojo, señaló que el acuerdo UE-Mercosur es perjudicial porque, en su opinión, los productos que llegarán de Sudamérica no pasan los controles pertinentes y, en algunos casos, usan pesticidas prohibidos en Europa.

“Europa permite exportarlos, pero a nosotros no nos deja usarlos”, ha dicho Rojo, que ha subrayado que la agricultura catalana “hace las cosas muy bien, con productos de gran calidad”. “El acuerdo de Mercosur es injusto y había pasado de puntillas hasta que los agricultores hemos levantado la voz”, ha añadido Rojo.

Tras la protesta, los tractores se desplazaron al Puerto de Tarragona, donde, por cuarto día consecutivo, mantienen bloqueado al acceso principal. Su voluntad es permanecer allí hasta hoy y después trasladar la movilización a otros lugares.

Esta no es el único lugar dónde hay protestas, también hay cortes de rutas en Bélgica, por el mismo motivo. Organizaciones de agricultores europeas lamentaron la luz verde dada por los Estados miembros el pasado viernes a la firma del acuerdo de asociación con los países del Mercosur y aseguraron que llevarán a cabo nuevas movilizaciones.

Competencia desleal

Dicen los agricultores europeos que ellos enfrentan una competencia desleal y no solo del Mercosur y hablan de un sistema de precios internacionales completamente desproporcionado. «El mercado nacional siempre está regulado más que nada por la importación», explica un agricultor español. «El cereal que llega desde el extranjero en los puertos de Valencia, Tarragona, Cartagena fija los precios nacionales».

Ya antes de Mercosur llegaban cereales de Ucrania y Rusia. Ahora, desde enero de 2026, llegarán masivamente desde Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. «Allá tienen 8 o 10.000 kilos de rendimiento por hectárea y aquí, entre 1.500 y 2.000. Si ellos producen cinco veces más, tienen sueldos mucho más baratos, seguridad social más barata… pues claro, ellos pueden vender a precios que nosotros no podemos competir», lamenta.

Bajo el acuerdo, el Mercado Europeo recibirá más de 1 millón de toneladas de maíz con arancel reducido o eliminado, 60.000 toneladas de arroz, 190.000 toneladas de azúcar, 45.000 toneladas de miel. Está claro que esto presionará a la baja los precios internos. Los agricultores españoles estiman caídas del 5% al 15% en determinadas campañas, según datos de cooperativas y asociaciones españolas.

Distintas realidades

Para los gobiernos, el acuerdo UE-Mercosur supone un paso adelante en la globalización. Para una gran cantidad de agricultores es el paso final. No porque vayan a quebrar mañana, sino porque sus números ya están quebrados.

Ricardo es un productor español encargado de la sectorial de cereal de ASAJA en Alicante, por lo que conoce bien las perspectivas del sector. Cree que debería haber movilizaciones, como las que hacen los agricultores franceses. «Tenemos que hacer algo porque nos están ahogando», sentencia. Su relato y el de su hijo es de quien sabe que el sector cerealista español está al borde del colapso, y que políticas como Mercosur aceleran ese fin.

Sabe que los jóvenes como su hijo no tienen futuro aquí, o al menos uno económicamente viable. Que las grandes cadenas de distribución van a prosperar mientras el campo «se hunde». Que los consumidores españoles van a comer productos más baratos, pero también «de menor calidad y con menor trazabilidad».

Carlos tiene 27 años y la carrera hecha. Pero cada día que trabaja en el campo es una apuesta contra las matemáticas, contra las políticas y contra el tiempo. Su padre resistió. Ahora le toca a él. Y mientras tanto, las máquinas siguen, el gasoil sigue subiendo, y el cereal sigue valiendo lo mismo.

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