La carne, en el centro de la guerra de chicanas

En la recta final de la campaña para las PASO, Alberto Fernández decidió apostar sus fichas a destacar los «brotes verdes» de la economía, y para ello no dudó en meterse en terreno resbaladizo, como el precio de la carne.

El Presidente destacó que en varios cortes se están constatando bajas de precios, y atribuyó la situación al cierre exportador que acaba de ser prorrogado dos meses y que provocó el rechazo generalizado del sector cárnico.

«Los precios de la carne bajaron desde el momento en que restringimos las exportaciones. No es justo que el precio internacional de la carne vacuna sea el mismo precio que deban pagar nuestros compatriotas. Cuidar la mesa de los argentinos. Ese es nuestro compromiso», escribió Alberto en su cuenta de Twitter.

La afirmación del mandatario aludía a un estudio del CEPA (Centro de Economía Política Argentina), que analiza los precios desde el cierre exportador. Hernán Lechter, director del centro, afirmó que en agosto se está registrando un segundo mes consecutivo de caída en los cortes consumidos por el mercado interno.

Según este informe, la caída de la carne ha sido de 6% en hacienda y de 2,3% en el mostrador. Los cortes con fuertes bajas son: el vacío (-3,5%), matambre (-2,3%) y cuadrada (-2,2) y el resto de los cortes más parejos al promedio. Sólo se observan leves aumentos en colita de cuadril (0,3%) y nalga (0,1%).

Esta información coincide con la tendencia que venía mostrando la medición oficial del Indec, que en julio había marcado una caída mensual de 0,5% para el asado y que había destacado cómo la carne -a diferencia de otros meses, en que había liderado los aumentos- ahora había había contribuido a que el rubro de alimentos no superara la marca de 3,4% mensual.

Por otra parte, las cifras del ministerio de Agricultura y Ganaderia indican una recuperación en el consumo de carne vacuna, que había caído a un mínimo histórico de 34,3 kilos por habitante en abril del año pasado. Ahora está en 53,7 kilos, una cifra que si bien sigue siendo baja en términos históricos, implica una reversión de la tendencia.

La carne, centro de la guerra de chicanas
Lo cierto es que el Gobierno está dispuesto a sacar el máximo provecho político de este tema. Es, después de todo, uno de los grandes asuntos pendientes de Alberto Fernández con el electorado peronista, dado que había basado su campaña electoral en prometer el regreso del asado.

Y es, por cierto, un tema que la oposición se ha encargado de «facturarle» al Gobierno. De hecho, Mauricio Macri ya lo había mencionado con sorna al lanzarse, en el verano pasado, el programa de cortes a precios populares. Y ahora, en plena campaña, chicaneó al mencionar que el Gobierno había «transformado la carne en polenta».

Bajo esas circunstancias, los analistas creen que el comportamiento del Gobierno tiene hasta cierta lógica política: estos resultados de corto plazo pueden ayudarlo a reconciliarlo con parte de su base electoral. Mientras que las clases medias rurales, que ya estaban enojadas por el intervencionismo en la actividad agrícola, no cambiarán el voto por otra medida de la misma índole.

Sin embargo, la estrategia del Gobierno no está libre de riesgos. La primera es la de las desmentidas, porque naturalmente estos números difundidos corresponden a promedios. Eso implica que en varias regiones del país no se ha constatado esa caída.

Y, de hecho, la mayor parte de las respuestas al mensaje de Alberto Fernández hacían referencia a la imposibilidad de encontrar los nuevos precios «deflacionados» que el Gobierno está anunciando.

El otro riesgo es que empezaron a llegar noticias sobre pérdida de empleos en frigoríficos como consecuencia de la menor actividad, como consecuencia directa del cierre exportador. El Gobierno ha intentado minimizar el impacto de la noticia, pero no ha logrado disipar la preocupación generada tras saberse sobre suspensiones de personal en Santa Fe.

El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, calificó como «fake news» las noticias al respecto. Sin embargo, fuentes gremiales confirmaron que hay cesantías como consecuencia de eliminaciones de turnos, al haber bajado la producción que iba destinada al mercado exterior.

Los dichos de Kulfas motivaron un inmediato repudio de los productores que el pasado 9 de Julio habían convocado a una protesta nacional con epicentro en San Nicolás.

«Negar el cepo a las exportaciones de carne es de un cinismo atroz. Los eufemismos rebuscados como ‘ordenar el funcionamiento del mercado’ o ‘cuidar la mesa de los argentinos’ no hacen más que desnudar el fracaso de una política que, aunque todos sabíamos fallida de antemano, se empecinaron en implementar», expresa el comunicado.

Y, en un tono inusualmente duro, agrega que las declaraciones de Kulfas resultan esperables dado que el ministro es «alguien que no realizó jamás una actividad productiva y pasó su vida entera parasitando el esfuerzo de los contribuyentes».

Caída de la hacienda, ¿hay que festejar?
Pero el principal peligro que corre el argumento oficial es que el festejo por la disminución de la carne en el corto plazo puede tener un temido lado B: la amenaza de la escasez en pocos meses.

«Va a faltar carne para diciembre, porque se están desactivando los engordes, que ya no se hacen más. Y la velocidad de circulación hace que te empieces a quedar sin mercadería», advirtió Dardo Chiesa, coordinador de la Mesa Nacional de Carnes, en el foro Agroeducación. Para este dirigente, no cabe dudas de que el cierre exportador, que ahora formalmente fue prorrogado hasta fin de octubre, durará todo el año.

El razonamiento de las gremiales del campo es que difícilmente el Gobierno decida dar marcha atrás con una medida que se tomó para generar un clima favorable en el plano electoral, justo cuando falten dos semanas para la instancia decisiva de noviembre.

Por su parte, el consultor Salvador Di Stefano proyecta que el nivel de faena pasará de 14 millones de cabezas a 12,7 millones. «Esto trae un problema muy serio en toda la cadena. Los mostradores verán aumentar mucho la carne, principalmente por la suba de los gastos de estructura, venderán menos carne y deberán cubrir los gastos de la luz, alquiler, empelados, impuestos y otros», afirma.

Para Di Stefano, en noviembre y diciembre habrá subas en los precios, primero por una cuestión estacional del negocio, pero que además se agudizará por la política oficial que generará escasez: «Los encierres a corral buscarán hacer animales más chicos, y el ganadero tradicional dejará sus animales a pasto ante la falta de margen. No hay secretos, habrá poca mercadería».

Lo irónico del momento es que uno de los datos que el Gobierno celebra -la caída en el precio de la hacienda en Liniers constatada como consecuencia del cierre exportador – no es vista como un factor positivo en la industria cárnica sino, por el contrario, como el preludio de un achique en el negocio. La explicación es que el desplome sufrido en el precio de animales más grandes y de mayor rendimiento está haciendo que la rentabilidad de los criadores, que ya era complicada, ahora haya ingresado en niveles críticos.

La primera reacción de estos productores es un freno en las inversiones, es decir una conducta absolutamente opuesta a la que, según Kulfas, se estaba tratando de incentivar. Los más pesimistas ya están hablando de una reducción en el stock vacuno del país, que podría caer en niveles parecidos a los de 2020, cuando se perdieron unos dos millones de cabezas.

Un reclamo histórico de los expertos es que faltan incentivos para que los productores engorden los animales hasta un peso de 430 kilos, en vez de enviarlos a faena cuando alcanzan los 320, como se hace ahora para acortar los tiempos en el ciclo del negocio y protegerse mejor de la inflación.

Es un argumento que, en los papeles, el Gobierno comparte -Kulfas prometió incentivos impositivos con ese objetivo- pero la realidad es que hoy el ánimo entre los productores va más bien en el sentido opuesto: una mayor faena de vacas, que implicará a futuro una menor cantidad de terneros que engordar.

La mayor crítica que se hace desde el campo es que menores precios para los productores ganaderos no implican una caída de precios en los mostradores de las carnicerías. Más bien al contrario, los pronósticos apuntan a futuras subas una vez que pase el efecto de corto plazo en las góndolas. Ese ha sido, después de todo, el ciclo histórico en cada experiencia de cierre exportador.

Por otra parte, toda la polémica en torno a las exportaciones resultó una buena oportunidad para que las agremiaciones volvieran a hacer lobby por el tema impositivo. Por caso, Carbap hizo circular en las redes un video en el que recuerda que los impuestos equivalen al 28% del precio de la carne al público.

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