El consumo de carne aviar cerró 2025 en 47,6 kilos per cápita al año, un alza del 3% con respecto al 2024, sin embargo hay empresas en crisis. La paradoja del pollo.
La cadena de la carne aviar se enfrenta a una paradoja. Por un lado, el consumo de pollo continúa quebrando records al punto que ya equiparó al de la carne vacuna por primera vez en la historia. Por el otro, en ese contexto de demanda en franco ascenso, Granja Tres Arroyos, una de las principales compañías del sector, cayó en una profunda crisis y acumula más de 220 cheques rechazados, un panorama que impacta con fuerza sobre cerca de 200 productores de pollos que abastecen a la empresa en Entre Ríos.
«De un consumo de 22 kilos por habitante al año en el 2000 pasamos a casi 50 kilos en la actualidad», dijo a El Economista Carlos Sinesi, director ejecutivo del Centro de Empresas Procesadores Avícolas (CEPA). «Como el consumo en el mercado interno ya no tiene demasiado margen para crecer con la misma fuerza de los últimos 20 años, el crecimiento futuro está centrado en la exportación, pero en los últimos tres años sufrimos dos brotes de influencia aviar que hicieron que las ventas al exterior fueran muy fluctuantes», agregó.
El consumo de carne aviar cerró el año pasado con un nivel de 47,6 kilos per cápita al año, un alza del 3% con respecto al 2024, según datos del Ministerio de Economía. En tanto, el promedio móvil del consumo de carne vacuna en los últimos doce meses fue en enero pasado de 47,9 kilos per cápita al año, el registro más bajo de los últimos veinte años.
Las causas de esas tendencias cruzadas no tienen secretos: con el precio pagado por un kilo de asado se pueden comprar cuatro kilos de pollo. En enero de 2026, los valores promedio relevados en el Gran Buenos Aires por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) indicaron que el kilo de asado ascendía a $ 15.942, mientras que el precio promedio del pollo fue de $ 4.074,6 por kilo.
Impulsada por esas diferencias de precios en un contexto de severa debilidad de los ingresos reales de la mayoría de la población, la demanda de pollo aceleró en los últimos años. Esa alza viene siendo cubierta por una producción que también viene creciendo. Solo el año pasado, la faena de pollos alcanzó las 752,5 millones de cabezas, 1,8% más que en 2024, según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca.
A ese crecimiento de la oferta por mayor producción se suma un salto de las importaciones de pollo desde Brasil. El año pasado, los ingresos de productos avícolas comestibles ascendieron a 24.660 toneladas, casi cuatro veces más que en 2024. «Brasil tuvo un brote de influenza aviar en mayo y como se le cerraron los principales mercados, la alternativa fue enviar la producción a los mercados más cercanos durante tres o cuatro meses», dijo Sinesi. «Si bien las importaciones del año pasado fueron más altas que lo habitual, el monto es todavía menor frente a las casi 2,5 millones de toneladas de producción local», añadió.

Mercados cerrados
Al menos hasta ahora, el principal golpe para el sector no proviene del alza de las importaciones, sino de la imposibilidad de colocar producción en otros mercados. A comienzos de 2023 Argentina sufrió un brote de influenza aviar que cerró los destinos de exportación. Luego de una ardua tarea para reabrirlos, en agosto del año pasado se registró un nuevo brote en una pequeña granja de ponedoras de Los Toldos, provincia de Buenos Aires, lo que volvió a cerrar los mercados. Con eso, en 2025 el volumen exportado de carne aviar cerró en torno a las 169.000 toneladas, una caída interanual del 10,4%.
El cierre de las exportaciones a mercados como el europeo que consumen productos de alto valor, sumado a la imposibilidad de trasladar totalmente a precios en el mercado interno el fuerte incremento de los costos, redujo drásticamente los niveles de rentabilidad del sector. Esa tendencia se profundizó con el cierre del mercado chino, el principal destino de exportación que permitía sostener la escala industrial.
«Lo que se vende normalmente a China es la garra, que en Argentina no se consume», dijo Sinesi. «Si se quiere vender la garra a otros destinos, no se paga tan bien como lo paga China: es una venta con un valor importante y es un recupero que permite tener mejores costos», agregó.
Sin esa escala, la cuesta para cubrir los costos se volvió más empinada. A esos factores comunes a todo el sector se sumó en el caso de Granja Tres Arroyos un problema sanitario adicional. «Granja Tres Arroyos viene arrastrando los efectos de una hepatitis que provocó que en una crianza se muriera entre el 30% al 60% de un lote, a lo que después se sumó el brote de la gripe aviar», dijo Felipe Carlevaro, coordinador de la Comisión de Avicultura de Confederación Rurales Argentinas (CRA). «De todos modos, se trata de una crisis puntual de Granja Tres Arroyos; las otras empresas del sector están bien».
Granja Tres Arroyos ingresó hace algo más de un año a un Procedimiento Preventivo de Crisis y a fines de 2025 cerró el Frigorífico Beccar, una de sus plantas en Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Ahora, el temor en el sector es que la crisis lleve al cierre de la unidad principal -La China- ubicada también en esa ciudad entrerriana.
«Es grave el problema que tenemos ahora con Granja Tres Arroyos los granjeros integrados, aquellos que crían y engordan los pollos en condiciones que las empresas establecen», señaló Carlevaro. «Hay muchos granjeros que por confianza le fueron entregando las crianzas a la empresa y hoy ya tienen una o dos crianzas que les deben, y haciendo una tercera: seguramente cuando presenten quiebra, cobrarán todos los demás y los granjeros quedarán sin cobrar nada», añadió.
Alivio en duda
El riesgo de que la crisis de Granja Tres Arroyos termine por propagarse se contrapone a las expectativas renovadas en el sector por la reapertura de los mercados de exportación. Superado el brote de influenza aviar, a partir del 1° de marzo estaba previsto que se retomen las exportaciones hacia la Unión Europea (UE) después de más de un año de puertas cerradas.
«El acuerdo UE-Mercosur es una posibilidad importante: en el caso de la avicultura de carne son 180.000 toneladas para distribuir entre los cuatro países del Mercosur», dijo Sinesi. «Con esto podríamos duplicar o hasta triplicar las exportaciones hacia la Unión Europea, que consume productos de alto valor agregado como la pechuga», agregó.
Otro destino clave es China. «En los últimos tres años el mercado chino solo estuvo abierto cuatro meses por los dos brotes de influenza aviar», dijo Sinesi. «A China irá una misión oficial en los primeros días de abril: ya no hay ninguna observación que levantar y estamos esperanzados que se reabra ese mercado que para nosotros es sumamente importante por volumen y por precio».
En cambio, en el sector aviar hay inquietud por el reciente acuerdo comercial alcanzado con Estados Unidos. Según el comunicado emitido por la Casa Blanca tras la firma del acuerdo, Argentina ha abierto su mercado al ganado vivo estadounidense y se comprometió a permitir el acceso al mercado para aves de corral estadounidense dentro de un año.
«A partir de que el acuerdo se apruebe en los dos Congresos, hay un esquema de unos 10 meses para las condiciones sanitarias, pero en el caso nuestro no hay reciprocidad», dijo Sinesi. «Es algo que le venimos solicitando a los funcionarios: no tenemos miedo de competir con Estados Unidos, pero no se puede abrir para un solo lado».
En todo caso, esas renovadas expectativas para entrar a los mercados internacionales volvieron a ponerse en pausa en los últimos días. El martes pasado, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) informó que detectó un caso positivo de influenza aviar altamente patógeno H5 en un establecimiento de la localidad bonaerense de Ranchos. Al día siguiente, se detectó un segundo caso en la ciudad de Lobos. Eso obligó a suspender temporalmente las exportaciones de productos aviares a los mercados que exigen el estatus sanitario de país libre de la enfermedad. En caso de no registrarse nuevos brotes y una vez transcurridos al menos 28 días desde la finalización del sacrificio sanitario, limpieza y desinfección en la unidad productiva, Argentina podrá restablecer su condición sanitaria.
Con más de 4.000 granjas en todo el país, el sector de la carne aviar emplea a 75.000 personas -entre empleos directos e indirectos- mayoritariamente en Entre Ríos y provincia de Buenos Aires. El sostenido aumento del consumo en los últimos años favoreció las condiciones para el sector. Sin embargo, los recurrentes brotes de influenza y la crisis de una de las principales compañías avícolas vienen golpeando sobre todo a los primeros eslabones de la cadena. «Por un pollo que se crió durante unos 50 días, las empresas pagan entre $700 y $800», dijo Carlevaro. «Con eso, se llega justo para afrontar los costos, especialmente de energía eléctrica y gas: los granjeros integrados estamos con niveles de rentabilidad bajísimos, lo que hace que se desatienda la inversión para mejorar las granjas y eso pone en duda el futuro de todo el sector», concluyó. Fuente: El Economista
















