La sequía, que ya golpeó fuerte al trigo ahora le pega a la soja

La dura sequía que golpeó al trigo que se está cosechando, ahora está afectando casi el 50% de los cultivos de sojas sembradas. Apostando a salvadoras lluvias que recompongan el perfil de agua en los suelos, los productores continúan con la siembra.

POR JOSÉ LUIS AMADO -PERIODISTA AGROPECUARIO- ESPECIAL PARA GRUPO LA VERDAD.

El domingo pasado informábamos desde esta columna que los productores juninenses que estaban cosechando sus trigos están obteniendo un promedio de 1100 kilos por hectárea, muy lejos de los 3600 de promedio de la campaña pasada.

Lo que sí hay que destacar es que esos 11 quintales, se obtienen como promedio de los campos que están siendo cosechados. Esto es importante, porque aún falta sumar que aproximadamente un 40% de los lotes sembrados con trigos fueron quemados con herbicidas o se los destinó a alimento animal, dado que tenían un rinde que no justificaba su cosecha y por lo tanto, en esos casos, el rinde fue cero.

A este drama productivo, ahora se suma que la continuidad de la sequía está afectando tanto a las sojas de primera que recientemente han sido implantadas y a los maíces tempranos. En este sentido, la Bolsa de Comercio de Rosario acaba de informar que en Pampa Húmeda ya son más de 2 millones de hectáreas las que están en condiciones críticas; de las cuales 1,6 millones están en estado regular y 400 mil en mal estado.

Ocurre que se están reportando dos problemas principales. Por un lado, la floración anticipada en plántulas que no superan los cuatro nudos, además se ha detectado quemado de hojas y muerte de plántulas por desecación. Estos son algunos de los problemas que están generando las altas temperaturas y la escasez de agua en la soja de primera de la región núcleo.

Otro problema es que se está reportando es lo que se denomina “carry-over”, ya que por la falta de agua y las bajas temperaturas del invierno no se degradaron los herbicidas residuales y por lo tanto hoy se observa fitotoxicidad en las sojas de primera con herbicidas aplicados en el otoño y hasta algunos se remontan a aplicaciones del verano pasado.

Estas condiciones están determinando que muchos lotes deberán ser resembrados. En este marco, la Bolsa rosarina, dice “que es tan grande la desazón que hay productores que evalúan no sembrar más. El sector está muy preocupado por los malos pronósticos que hay por delante, con pocas lluvias hasta entrado febrero el panorama es gravísimo”, explicaron.

La soja a 100 mil

Que el precio por la oleaginosa haya llegado esta semana a las 5 cifras no es casualidad. Aunque resulta el valor nominal más alto de la historia y supera con creces el promedio desde que comenzó la segunda etapa del denominado “Dólar soja”, que se ubica en torno a los $ 86.000 la tonelada.

Es evidente que estos precios responden a la necesidad de reponer existencias para mantener activas las plantas de molienda del Gran Rosario. Y también es muy probable, que las empresas estén avizorando una caída en la producción del poroto de soja y se estén adelantando a comprar a un precio que consideran “pagable”. Y tanto es así que hasta en la pizarra de la Bolsa de Chicago aumentó la soja, habida cuenta del déficit hídrico que se registra en amplias zonas agrícolas de la Argentina.

Qué pasa con el maíz

El maíz temprano no logra reponerse y ya se ven graves pérdidas. En este marco, de no llover en los próximos 10 días, el 80% de ese maíz estará perdido y será secado y vuelto a sembrar o será destinado a alimento animal previo picado. El 20 % restante, que recibió algo de agua, rendirán en promedio un 50% de su potencial, siempre y cuando llueva en los próximos diez días. Es evidente que la situación del maíz temprano es peor que la del trigo.

Qué pasa con la hacienda

Hoy el precio de la carne vacuna en los mostradores de las carnicerías está bajo y es por consecuencia de dos temas. Por un lado, la liquidación de hacienda por parte de los productores debido a la falta de forraje por la sequía. Y por el otro, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios que trae aparejado un menor consumo en los mostradores.

Por el lado de los productores también influye el precio de los insumos que aumentan al ritmo de la inflación. Todo este combo, contribuyó a que la canasta de alimentos se desacelerara considerablemente durante el mes de noviembre, influyendo en la baja en los índices de inflación.

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