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Ganadería 16 de marzo de 2026 Por Redacción

De empujar un camión a ser el hombre malo de la lechería

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De empujar un camión a ser el hombre malo de la lechería

De empujar un camión a crear La Serenísima. Llegó desde Italia con el oficio de su familia y empezó con una pequeña quesería en General Rodríguez. Así nació una empresa que hoy es referente. La historia poco conocida de Antonino Mastellone.

Hubo un tiempo en que Antonino Mastellone tenía que bajarse de su camión para empujarlo y así poder terminar el reparto de leche. Aquella escena resume el espíritu de sacrificio del inmigrante italiano que llegó a la Argentina con el conocimiento de un oficio familiar que fue ni más ni menos que la elaboración de quesos.

Quién fue Antonino Mastellone

Antonino había nacido en Piano di Sorrento, un pequeño pueblo cercano a Nápoles, el 12 de diciembre de 1899. Provenía de una familia con tradición quesera: era hijo de Pasquale Mastellone y Rosa Attanassio. Antes de emigrar, perfeccionó sus conocimientos en Italia. Primero viajó a Milán para aprender nuevas técnicas de producción y luego trabajó en una quesería en la ciudad de Sassari, en Cerdeña, donde se graduó como técnico quesero.

Llegó a la Argentina el 2 de octubre de 1926 a bordo del Barco Pincio, un buque que en épocas de grandes oleadas de inmigraciones realizó 24 viajes a la Argentina y transportó a un total de 13.330 pasajeros.

El 29 de octubre de 1929 contrajo matrimonio con Teresa Aiello y tuvieron cinco hijos: Pascual, Rosa, Mateo, Victorio y José.

¿Cómo nació La Serenísima y cómo fue su crecimiento en la industria láctea argentina?:
En 1929, ya instalado en la Argentina, fundó junto a su esposa una pequeña quesería en General Rodríguez, en la provincia de Buenos Aires. Ese emprendimiento familiar sería el origen de La Serenísima, una empresa que con el paso de las décadas se transformaría en uno de los grandes nombres de la industria láctea argentina.

Los primeros pasos de la empresa fueron modestos, pero constantes. En 1935 la compañía compró su primer camión y comenzó a distribuir sus productos en Buenos Aires, ampliando su alcance más allá de General Rodríguez.

Con el correr de los años, la empresa incorporó innovaciones que marcaron hitos en el sector. En 1952 se comenzaron a realizar análisis de calidad para medir el contenido graso y la acidez de la leche. Ese mismo año falleció Antonino Mastellone, y la compañía quedó en manos de su hijo Pascual Mastellone, quien continuó impulsando su expansión.

Durante las décadas siguientes, La Serenísima incorporó nuevas tecnologías y amplió su catálogo. En 1960 empezó a procesar leche pasteurizada y al año siguiente la comercializó en botellas de vidrio. Poco después introdujo innovaciones clave para el mercado argentino, como la elaboración de yogur en 1963 y dulce de leche en 1967.
En 1968 se produjo otro cambio importante: la tradicional botella fue reemplazada por el sachet, un formato que se popularizó rápidamente en el país.

Por qué La Serenísima se llama así

El nombre elegido para la marca tiene una historia particular y es que Mastellone lo tomó de una escuadrilla italiana que durante la guerra arrojaba mensajes de paz. Con el tiempo, aquel pequeño proyecto artesanal terminó convirtiéndose en una compañía con ventas que han llegado a rondar los 900 millones de dólares anuales.

Innovación y alianzas que consolidaron la marca

A partir de la década de 1970, la empresa amplió su producción con nuevos productos lácteos como leche en polvo, manteca y leche reducida en lactosa, adaptándose a las demandas del mercado.

En los años 80 incorporó el sello de calidad LS, mientras que en la década de 1990 sumó innovaciones como la leche ultrapasteurizada, leche cultivada y leche fortificada con hierro.

Uno de los movimientos estratégicos más importantes llegó en 1996, cuando La Serenísima selló una alianza con el Grupo Danone para la producción, comercialización y distribución de yogures y postres. Esa colaboración permitió ampliar el portafolio de productos y consolidar su presencia en el mercado.

Durante los años 2000 continuó lanzando nuevas líneas, entre ellas Serecol y otras propuestas desarrolladas junto a Danone, manteniendo su posición como una de las compañías lácteas más influyentes de la Argentina.

Así, lo que comenzó con una pequeña quesería y un camión que a veces había que empujar terminó convirtiéndose en un referente de la industria alimentaria nacional. La historia de La Serenísima refleja el impacto que puede tener el esfuerzo de un inmigrante cuando se combina con innovación, trabajo constante y visión empresarial.

La mirada actual

Hoy, los productores de leche suelen tener tensiones con La Serenísima (Mastellone Hnos.) principalmente por su posición dominante como principal comprador, lo que les permite fijar precios bajos en origen y establecer condiciones de pago desfavorables. Además, quejas sobre la calidad, la concentración del mercado y, recientemente, alertas sanitarias (como la detección de Listeria en quesos), generan fricciones constantes en la cadena.

Los puntos principales de conflicto incluyen

Poder de Mercado: La empresa tiene una alta concentración del mercado lácteo, lo que le otorga un «monopolio» funcional en ciertas regiones, presionando a tamberos y PYMES lácteas.

Precios y Pagos: Se acusa a la firma de pagar precios bajos por litro de leche a los productores, mientras que los costos de producción aumentan, limitando la rentabilidad del tambero.

Alertas Sanitarias: Recientemente, la detección de la bacteria Listeria monocytogenes en el «Queso Cremón» (lote 2703, elaborado en 2025) provocó la intervención de ANMAT y SENASA, dañando la reputación de la marca y generando desconfianza.

Contexto de Crisis: La empresa opera en un contexto de crisis sectorial con aumento de costos, cierre de tambos y caída del consumo interno, intensificando las disputas.

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