Márgenes ajustados: la presión de los fletes cortos y largos en soja y maíz
Incluso en esquemas de soja de segunda y maíz tardío con fletes acotados, los números del campo son ajustados. El impacto del transporte en la rentabilidad.
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La percepción de alta rentabilidad en el sector agropecuario choca de frente con la realidad de las planillas de costos. Aun en planteos productivos de soja de segunda y maíz tardío con distancias de flete relativamente cortas, la ecuación económica muestra márgenes extremadamente finitos que se deterioran a medida que aumentan los kilómetros hasta el puerto o el acopio.
El impacto de la estructura de fletes en los márgenes
La logística de transporte representa uno de los componentes más determinantes dentro de la estructura de costos directos e indirectos del productor:
Flete corto (hasta 30 km): Mueve la cosecha desde el lote hasta la planta de acopio o la celda de almacenamiento local. Aunque amortigua el impacto inmediato, acumula costos de acondicionamiento, paritarias de choferes y tarifas de acarreo que recortan el margen bruto.
Flete largo (200 km o más): Tramo clave hacia los terminales portuarios (como los del Gran Rosario). A medida que la distancia supera este umbral, el costo por tonelada transportada absorbe una porción crítica del precio pizarra del grano, anulando la rentabilidad en campos alquilados o de menor aptitud.
Estructura de costos en soja de segunda y maíz tardío
Los esquemas de segunda ocupación y tardíos enfrentan particularidades operativas que condicionan su resultado financiero:
Soja de segunda: Aunque optimiza el uso del suelo al ir sobre un cultivo de invierno (como trigo o cebada), suele registrar rendimientos inferiores a la soja de primera y afronta costos de malezas y cosecha en ventanas de tiempo acotadas.
Maíz tardío: Garantiza mayor estabilidad de rinde frente a la variabilidad climática, pero implica mayores gastos de secado por humedad al momento de la recolección y tarifas logísticas elevadas en momentos de alta demanda de transporte.
Alquileres e insumos: La fijación de arrendamientos en quintales fijos de soja y los costos pesificados/dolarizados de agroquímicos y fertilizantes imponen un piso de rendimiento elevado solo para cubrir los costos de indiferencia.
El margen de maniobra de la empresa agrícola actual es reducido: la combinación de precios internacionales moderados, presión impositiva y fletes ascendentes invalida la idea de que la producción primaria genera rentabilidades extraordinarias de manera generalizada.
En este sentido, el pasado 16 de agosto, el economista Salvador Di Stefano publicó un post en su cuenta en X, que dice lo siguiente:
“En zonas donde solo se hace soja de segunda y maíz tardío con fletes calculados cortos a 30 kilómetros y largos 200 kilómetros, los números también son finitos, en la mayoría de los casos son fletes más largos y las rentabilidades decaen. Ojo con pensar que se está ganando buena plata en el campo”. Y puso el siguiente cuadro:

Y luego Salvador Di Stefano publicó en X lo siguiente
Referencias entre 31 de julio 2025 y 31 de julio 2026:
*Trigo aumento 10,9%
*Maíz aumentó 13,6%
*Soja aumentó en $ 30,0%
*Girasol aumento 45,2%
*Inflación 33,4%
*Gasoil 68,3%
«Hay que tener presente que para el gasoil se tomaron los precios de referencia de Capital Federal, en el interior la diferencia podría ser mayor. Claramente los costos superan a los ingresos en el campo (salvo en el caso del girasol), para ganar dinero hay que mejorar la productividad, ergo lograr más kilos, para eso se necesita comprar mejores insumos y contratar buenos profesionales, ingenieros agrónomos», explicó Di Stefano.




