Historia del ascenso, los negocios y la caída de la mayor avícola Argentina
Granja Tres Arroyos llegó a controlar un tercio del mercado avícola nacional. Fue la número uno en exportaciones. Pero hoy la realidad de la compañía es muy distinta, apenas procesa 200.000 aves diarias, perdió su principal mercado en el exterior, debe más de 350 millones de dólares y despidió a 1700 empleados de los 5.000 que tiene.
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Granja Tres Arroyos, siendo la principal empresa avícola del país, atraviesa su peor momento. En este sentido, lo primero que hay que señalar, es que en los últimos 20 años el pollo se convirtió en un enorme negocio. Se dice que se faenan más de 750 millones de aves por año, posicionando a la Argentina entre los 10 grandes mercados a nivel global. Además creció muy fuerte el consumo interno, el cual llega a casi 50 kilos por persona y por año, superando la carne vacuna que es de 48 kilos. Dentro de esta industria, el líder absoluto de este boom fue Granja Tres Arroyos.
Detrás de este grupo está la familia de Gracia que maneja la firma desde su fundación en 1965 sobre la calle Tres Arroyos, en la Ciudad de Buenos Aires. Pero a lo largo de los años ellos fueron engordando su propia compañía, pues a Granja Tres Arroyos le sumaron las empresas Wade 1 (Ezeiza) y Wade 2 (El Jaguel), fue cuando en 2018 absorbieron los activos de la quebrada empresa Cresta Roja. Además compraron la empresa Abex de Río Cuarto.



Granja Tres Arroyos, además de faena tiene plantas de engorde, de incubación, acopio granos, plantas de procesamiento de alimentos balanceados, tambos y tambien toda una línea de productos procesados, elaborados y deshidratados. Las marcas comerciales principales son Granja Tres Arroyos y Cresta Roja. O sea, es un grupo integrado verticalmente, desde la cría del pollito hasta lo que come el animal, pasando por la fabricación y distribución del producto final listo para consumir.
Ahora bien, de 2023 para acá, la situación del grupo entró en un declive. Según la versión oficial, el principal motivo de esto fue la enfermedad denominada influenza aviar.
Ocurre que esta gripe de los pollos llevó a que se cierren las exportaciones a China, que es el principal mercado de productos avícolas y no solo en volumen y valor, pues ellos compran, por ejemplo, las garras del pollo, una parte del animal que acá ni siquiera está habilitado para consumirla. Esto provocó un doble efecto. Por un lado, había más producto en el mercado interno, o sea, una sobreoferta de pollos a lo que se sumó que estaban abiertas las importaciones de carne aviar, especialmente de Brasil. Este combo, les desencadenó un grave problema de sobre stock de mercadería y la consecuente dificultad de caja.
Empezó con atrasos en el pago de los salarios, deudas con los proveedores y cada vez menos productores que querían trabajar con ellos. Incluso, por estos días se conoció que hasta le quieren pagar los sueldos a los empleados con mercadería, es decir con pollos.
También se conoce, es que entre todas sus empresas acumula una deuda de unos 350 millones de dólares. Un 35% es con proveedores, desde los que suministran los granos, laboratorios veterinarios, granjas, transporte, etcétera. El resto es de compromisos fiscales y de obligaciones financieras. En este marco, hace poco el grupo pidió el concurso preventivo de su empresa Wade, para poder negociar con los acreedores y ahora hizo lo mismo con las otras empresas del grupo. Y mientras tanto, tiene varias de sus plantas en un limbo. Paralizaron la actividad en la planta de Capitán Sarmiento, cerraron de manera indeterminada la de Concepción del Uruguay en Entre Ríos. También bajaron la persiana en Tristán Suárez y el frigorífico Beccar y la planta de Córdoba entraron en “parada técnica” desde julio.
Hoy Granja Tres Arroyos acumula más de 1700 trabajadores despedidos con varios reclamos laborales. Hace poco la justicia ordenó avanzar con un embargo sobre los bienes personales de la familia de Gracia, los dueños del grupo desde hace más de 60 años. La cabeza de la compañía es Joaquín de Gracia, un empresario que armó este enorme “Imperio del Pollo”.
Historia del holding
Por el año 1935, llegó a la Argentina proveniente de Italia un tal Gaspar de Gracia. Acá ya estaba su hermano Joaquín, que se dedicaba a vender pollos vivos en las calles de Buenos Aires. Gaspar había dejado en Italia a su esposa con dos hijos con la promesa de que en algún momento iba a traerlos. Pero entre la guerra y otras cuestiones recién se reencontraron 12 años más tarde. Cuando llegó el resto de la familia, Gaspar ya tenía un puesto en el mercado porteño por lo que su hijo menor Pierino, se sumó al negocio familiar. En 1965 crearon lo que hoy se conoce como Granja Tres Arroyos, que se llama así porque el local de distribución estaba en calle Tres Arroyos al 300, barrio de Caballito.
Durante más de 20 años, la familia de Gracia estuvo asociados a otra familia muy conocida en el negocio avícola; los Santangelo. Ellos manejan la compañía Soychú, otro de los grandes jugadores del rubro. La cuestión es que Pierino de Gracia tomó la dirección del desarrollo del grupo, aunque el liderazgo después quedó en manos de Joaquín de Gracia, su hermano y el hijo más chico de Gaspar, que había nacido en Buenos Aires en 1949.

Joaquín de Gracia, actual CEO de la empresa.
En 1975, Joaquín de Gracia fue el gestor del primer intento de exportación del grupo. Organizó un consorcio de 14 empresas, entre las que estaban Cargill y San Sebastián, para mandar pollos a Kuwait. Justamente ese vínculo con Cargill después le resultó muy beneficioso, porque Granja Tres Arroyos a partir de 1980 arrancó con la compra de compañías, algunas de ellas justamente a la multinacional Cargill. Así, sumó plantas de reproductoras, de incubación y de faena en Buenos Aires y Entre Ríos, también molinos de granos y tambos. En los 90, el 1 a 1, facilitaba la adquisición de tecnología para mejorar la producción, aunque al mismo tiempo el tipo de cambio no favorecía la exportación. Sin embargo, en 1994 la firma habilitó su planta para hacer envíos a Europa. Por lo tanto ya estaba como preparada; casi como si supiera que con la devaluación del 2001 arrancaría el gran boom exportador.
Durante la siguiente década el negocio de los pollos creció mucho y sobre todo para Granja Tres Arroyos. Argentina pasó de exportar 18 millones de toneladas de pollos a picos de 300 millones y la facturación del grupo se multiplicó por seis durante ese periodo. Los grandes líderes del negocio en ese momento eran Granja Tres Arroyos y Cresta Roja, que pertenecía a la familia croata Rasich.
Durante muchos años se habló de vínculos o más bien “beneficios” que recibieron estas empresas por parte de los gobiernos. En 2007, durante la presidencia de Néstor Kirchner, se armó un plan de “compensaciones” para mantener el precio del pollo en el mercado interno. A través de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (ONCCA), se otorgaban subsidios a las avícolas con dineros de las Retenciones a los granos. Esas mismas Retenciones beneficiaban a las empresas de pollo porque les permitían comprar granos a un precio más bajo que el internacional.
Otro acuerdo fue el famoso contrato con Venezuela. En 2008, ya con Cristina Fernández de Kirchner en la presidencia, se hizo un tratado comercial con Hugo Chávez. La Argentina iba a exportar alimentos como leche y pollos y a cambio el gobierno venezolano pagaba con combustible. A priori, era un negocio fantástico y Venezuela se transformó en el principal destino de los pollos.
El tema es que esto se complicó. Por un lado, las compensaciones de ONCCA, que ya venían con atrasos, un día dejaron de llegar y en 2011 el gobierno decidió dar por finalizado ese mecanismo. Después pasó lo mismo con Venezuela, que quedó debiéndoles un montón de dinero a las empresas argentinas. Esto desfinanció a las avícolas, las cuales ahora tenían que exportar ese pollo a otros destinos que pagaban muchísimo menos. La empresa más afectada resultó Cresta Roja, la cual acumuló un enorme pasivo. Tanto es así que en 2018, Granja Tres Arroyos compra Cresta Roja y en 2019 suman a la cordobesa Avex. De esta forma, Granja Tres Arroyos pasó a transformarse en una súper empresa del negocio que procesaba un millón de pollos por día y con una facturación de más de 1.300 millones de dólares.
Pero, ¿cómo fue que se pasó de esa época dorada a la crisis en la que está hoy? Bueno, esto arrancó a principios de 2023 cuando se detectó el primer caso de influenza aviar en el país. Argentina perdió su estatus de zona libre y se cortaron los envíos a mercados clave como la Unión Europea y sobre todo a China. El gigante asiático representaba un 75% de los dólares que ingresaban al país por las exportaciones de productos de pollo, fundamentalmente las garras de pollo, que se vendían a más de 2 mil dólares la tonelada.
En una nota en diario La Nación de marzo de 2023, Joaquín de Gracia decía, «No queremos llegar a ninguna consecuencia de ocupación de mano de obra porque creemos que se va a resolver antes». Algo que, por supuesto, no ocurrió.
Recién en marzo de 2025, China reabrió su mercado al pollo argentino. En él mientras tanto, se perdieron más de 400 millones de dólares en envíos que no pudo concretar. Encima, ese mismo año se detectó un nuevo caso de gripe aviar en el país y China volvió a cerrar las exportaciones. Algo que aún continúa.
De 2024 para acá, Granja Tres Arroyos arrancó con los problemas laborales. Primero cerró la planta de Tristán Suárez porque según ellos les sobraba capacidad de faena. En
diciembre 2024 pidió iniciar un procedimiento preventivo de crisis para achicar su plantilla y reducir sueldos. Esto desembocó en un conflicto en su planta de Concepción del Uruguay y en el cierre del frigorífico de Beccar también en Entre Ríos.
Ahora en este 2026 la situación es todavía peor. Dicen que por el cierre de los mercados tiene un problema de liquidez y una estructura demasiado grande y que eso ha derivado en un estrés financiero, por lo que se atrasó en el pago de sueldos y se rompió la cadena de pago con sus proveedores. Muchos de esos productores al no pagarles o pagarles cada vez más tarde dejaron de entregarle producto. Incluso empezaron a racionar el alimento. O sea, tienen a los pollitos sub alimentados.
Desde la compañía plantean que necesitan una inyección de dinero para reactivar la producción. Otra alternativa es vender activos y quedarse solo con las plantas que tienen la habilitación para exportar a China y Europa para cuando se reabran esos mercados. Mientras tanto, varios de esos sitios de producción están paralizados, cerrados o directamente en una especie de limbo. La de Concepción del Uruguay está frenada por tiempo indeterminado desde mayo. La de Córdoba entró en parada técnica en junio y eso se extendió hasta agosto. Y hace poco hicieron lo mismo en Pilar, Capitán Sarmiento y Esteban Echeverría. A eso hay que sumarle un programa de retiros voluntarios y más de 1700 telegramas de despido en este último tiempo.
El caso de Granja Tres Arroyos se da en el marco de una situación paradójica del negocio. Es verdad, las exportaciones cayeron fuerte, pues entre enero y julio de 2026 cayeron un 31% con respecto al año anterior y además se está importando mucho pollo, sobre todo desde Brasil.
Pero mientras tanto, el consumo argentino de pollo está en su pico máximo. Por ejemplo, en año 2.000 el consumo per cápita por año era de 22 kg. Ahora en 2025 fue de casi 50 kg, es decir, un gran crecimiento interno, pero que al parecer habría encontrado su techo. Sin las exportaciones o al menos sin esos principales mercados de exportación, aparentemente no les alcanza. A partir de agosto de 2026 se reabrió el mercado de la Unión Europea y ahora en septiembre Japón también levantó la suspensión, aunque China por el momento sigue cerrado. ¿Qué va a pasar con Granja Tres Arroyos? Bueno, hay varias alternativas.
Una es que se avance con la convocatoria de acreedores y a partir de ahí sentarse a negociar para reestructurar la deuda. Según varios medios, se habla de una quita hasta el 75% y con un plazo de pago de 7 años. La otra es desprenderse de activos y quedarse solo con tres plantas, la de Concepción del Uruguay, la de Capitán Sarmiento y la de Esteban Echeverría. Estas son las tres que tienen el permiso para exportar a la Unión Europea y a China.
Igual para la situación es bastante más compleja porque parte de la gran deuda que tiene Granja Tres Arroyos es con los proveedores y muchos de ellos ya no quieren trabajar con esta compañía. Entonces, no alcanza solamente con decir, “Bueno, reabrimos la planta», porque se necesitan pollitos e insumos para tener volúmenes que hagan sostenible su funcionamiento. Y muchos de esos vínculos parece que están rotos y aparte hay un plazo entre que nace el pollito, se lo engorda y está listo para faenar. No es que es de un día para el otro se soluciona todo.
Otras voces del sector hablan de que el verdadero problema está en la gestión, es decir en su modelo de crecimiento, dado que la empresa se vio beneficiada de favores políticos y créditos blandos como el del Bicentenario los cuales hoy ya no están.
Finalmente decir que la justicia sospecha que Joaquín de Gracia está forzando una quiebra fraudulenta y que se está llevando el capital a Uruguay, donde también tienen una planta enorme. El tema es que los de Gracia no son los únicos dueños de la empresa. Ellos en 2002 empezaron a trabajar con la estadounidense Tyson Foods, una de las procesadoras de pollo más grandes del mundo. Primero fueron exportaciones con su marca y ahora Tyson es el dueño del 34% de Granja a Tres Arroyos. ¿Acaso Tyson Foods puede comprar el resto y quedarse con el 100%? Habrá que ver si Granja Tres Arroyos puede arreglar su situación o si termina siendo otro caso como el de Cresta Roja.
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