La cordobesa Manisur SA, pidió su propia quiebra
El desenlace se veía venir, pero no por eso menos dramático para las localidades del sur de Córdoba. La empresa señaló que posee un pasivo de más de $20.000 millones y pérdidas por más de $6.000 millones. Además, confirmaron que no consiguieron comprador.
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Acorralada por un ahogo financiero irreparable, la tradicional firma Manisur S.A. formalizó ante la Justicia de La Carlota el pedido de su propia quiebra voluntaria, le puso fin a meses de incertidumbre y confirmó el cierre de una de las plantas agroindustriales emblemáticas de la región.
El escrito judicial presentado por la empresa es una radiografía del colapso: un pasivo que trepa a los $20.337 millones, pérdidas acumuladas por $6.811 millones y un patrimonio neto negativo que roza los $4.865 millones.
Sin rodeos, la dirección admitió hallarse en un estado de «absoluta cesación de pagos, sin actividad productiva, sin materia prima y sin financiamiento», imposibilitada de cumplir con los salarios de los trabajadores y los compromisos con proveedores.
También aseguraron que fracasaron los intentos por conseguir inversores y reactivar la producción.
Cabe destacar que el pasado 20 de junio, la empresa en un comunicado expresó: “Manisur informa que ha dado por finalizada la presente campaña debido al escaso ingreso de materia prima, situación originada por factores ajenos a la empresa que imposibilitan la continuidad normal del proceso productivo”, señalaba la compañía.
Asimismo, la empresa manifestaba su preocupación por las consecuencias que la medida podía generar sobre los trabajadores y sus familias, además del impacto en la comunidad vinculada a la actividad. “Lamentamos profundamente las consecuencias que esta medida pueda generar en nuestro personal, sus familias y la comunidad en general”, indicaba el comunicado.
Lo cierto es que la parálisis de la planta de Santa Eufemia (localidad de unos 2500 habitantes), no es un mero trámite contable, dado que ahora quedó en manos de la Sindicatura. Significa la caída de uno de los motores económicos más importantes de la zona, cuya parálisis arrastra de manera directa e indirecta a decenas de familias y a toda la cadena de servicios del rubro manisero.
El caso vuelve a encender las alarmas en el interior profundo: cuando una industria de este calibre baja la persiana por falta de liquidez y pérdida de competitividad, la sangría no se detiene en la puerta de la fábrica, por que golpea de lleno el consumo local, destruye el empleo formal y deja a toda una comunidad a la deriva.




